Dorsalgia
La dorsalgia es el dolor localizado en la región dorsal o torácica de la espalda. Puede presentarse como dolor entre los omóplatos, sensación de carga muscular, rigidez o molestia en la zona media de la columna.
Esta página se centra en la dorsalgia como síntoma clínico. Para una visión general de la región dorsal y sus principales patologías, el punto de partida es columna dorsal.
Índice de contenidos
Qué es la dorsalgia
La dorsalgia es el dolor localizado en la región dorsal o torácica de la espalda, es decir, en la zona comprendida entre la columna cervical y la columna lumbar. Muchas personas lo describen como dolor interescapular, sensación de tirantez, carga muscular, rigidez o fatiga en la parte media de la espalda.
Aunque se habla menos de la dorsalgia que de la cervicalgia o de la lumbalgia, se trata de una molestia frecuente, sobre todo en personas con trabajo sedentario, posturas mantenidas, escasa movilidad torácica o sobrecarga muscular.
En bastantes casos el cuadro tiene un origen mecánico y funcional, pero también puede aparecer en relación con deformidades vertebrales, rigidez de la caja torácica o, con menor frecuencia, como manifestación de otras patologías dentro del dolor de espalda.
Esta página está centrada en el síntoma dolor dorsal. Para una visión regional más amplia, conviene partir de columna dorsal.
Causas frecuentes del dolor dorsal
La mayoría de las dorsalgias se relacionan con causas mecánicas o posturales. La región dorsal es menos móvil que la cervical y la lumbar, y está condicionada por la caja torácica, la posición de los hombros y el equilibrio sagital de la columna.
- Sobrecarga muscular y postural: frecuente en personas que pasan muchas horas sentadas, encorvadas o con los hombros adelantados.
- Rigidez torácica: la falta de movilidad de la columna dorsal y de la caja torácica favorece molestias persistentes.
- Dolor miofascial: contracturas y puntos gatillo en musculatura paravertebral, romboides, trapecio o musculatura escapular.
- Alteraciones del perfil sagital: determinadas posturas cifóticas o desequilibrios globales pueden sobrecargar esta región.
- Deformidades vertebrales: la cifosis, la escoliosis o la cifoescoliosis pueden acompañarse de dolor dorsal.
- Dolor referido: en algunos casos el dolor percibido en la espalda dorsal no nace realmente en la propia columna.
A diferencia de la región lumbar, en la zona dorsal son menos habituales los cuadros típicos de hernia discal con compresión nerviosa clara, aunque pueden existir y deben tenerse en cuenta cuando la evolución o los síntomas no encajan con un patrón mecánico simple.
También conviene recordar entidades estructurales como la enfermedad de Scheuermann, especialmente cuando existe hipercifosis juvenil o deformidad dorsal progresiva.
Síntomas habituales
La dorsalgia no siempre se presenta de la misma manera. En unas personas predomina una sensación de carga muscular, mientras que en otras aparece dolor localizado al moverse, al respirar profundamente o al mantener una determinada postura.
- Dolor entre los omóplatos o en la línea media dorsal.
- Rigidez al final del día o tras muchas horas sentado.
- Sensación de espalda cargada o fatigada.
- Molestias al girarse, estirarse o mantener ciertas posturas.
- Tensión muscular en la región interescapular.
- Dolor dorsal persistente que no cambia con el movimiento.
- Dolor nocturno o progresivo.
- Dolor asociado a deformidad visible.
- Molestias con repercusión respiratoria.
- Dolor tras traumatismo.
Orientación clínica inicial
La valoración del dolor dorsal debe empezar por una historia clínica y una exploración ordenada. Lo primero es diferenciar si se trata de una dorsalgia mecánica y postural, que suele variar con cambios de posición y movimiento, o de un cuadro menos típico, más persistente o con signos asociados.
| Qué conviene valorar | Por qué es importante |
|---|---|
| Localización exacta del dolor. | Ayuda a distinguir entre dolor muscular, vertebral o referido. |
| Relación con la postura y el movimiento. | Orienta hacia un origen mecánico o funcional. |
| Tiempo de evolución. | Permite saber si es un episodio agudo o una molestia persistente. |
| Presencia de rigidez o deformidad. | Hace pensar en alteraciones del perfil sagital o en deformidades. |
| Antecedente de traumatismo. | Obliga a valorar lesión ósea o estructural. |
| Síntomas generales o neurológicos. | Pueden alejar el cuadro de una dorsalgia mecánica habitual. |
En los cuadros típicos, el dolor suele variar con la postura, con la actividad o con la rigidez muscular. Cuando el patrón no encaja con eso, conviene ampliar el estudio. Si el síntoma se concentra claramente entre las escápulas, puede ser útil revisar también la página de dolor interescapular.
Signos de alarma
Aunque muchas dorsalgias son benignas y mecánicas, hay situaciones en las que se debe prestar una atención especial al cuadro.
- Dolor dorsal intenso tras un golpe, una caída o un traumatismo.
- Dolor nocturno o persistente que no mejora con el cambio postural.
- Fiebre, pérdida de peso o mal estado general.
- Dolor acompañado de dificultad respiratoria o clara repercusión funcional.
- Déficit neurológico, alteraciones de sensibilidad o pérdida de fuerza.
- Antecedentes relevantes de infección, tumor o fragilidad ósea.
La presencia de uno o varios signos de alarma no implica por sí sola una lesión grave, pero sí justifica una valoración más cuidadosa y, en su caso, un estudio complementario.
Relación con otras patologías de la columna
La dorsalgia no siempre debe interpretarse como un problema aislado. A veces forma parte de alteraciones más amplias del equilibrio vertebral o del perfil sagital.
- Columna dorsal
- Dolor de espalda
- Dolor interescapular
- Cifosis
- Escoliosis
- Cifoescoliosis
- Enfermedad de Scheuermann
- Anatomía y biomecánica de la columna
Si además de dolor existen cambios posturales evidentes, deformidad del tronco o sensación de espalda redondeada, suele ser especialmente útil revisar el bloque de deformidades de la columna.
Qué hacer ante una dorsalgia
Cuando el cuadro encaja con una dorsalgia mecánica o postural, las medidas iniciales suelen orientarse a reducir la rigidez, mejorar la movilidad y evitar que la molestia se perpetúe.
En estos casos suele ser útil revisar hábitos posturales, reducir periodos prolongados de sedestación, mejorar la movilidad torácica y reforzar el control muscular de la cintura escapular y del tronco.
- Moverse con suavidad y evitar la inmovilización prolongada.
- Revisar postura y ergonomía.
- Mejorar movilidad torácica y escapular.
- Valorar si existe rigidez, cifosis o desequilibrio postural.
- Consultar la rehabilitación de columna dorsal si predomina la rigidez torácica o el dolor postural.
- Consultar si el dolor persiste o presenta rasgos atípicos.
Si el dolor es persistente, progresivo, aparece tras traumatismo o se acompaña de signos de alarma, no conviene tratarlo solo como una simple sobrecarga muscular.