Tendinopatía de los aductores y pubalgia
Introducción
La tendinopatía de los aductores es una causa frecuente de dolor inguinal y pubalgia, sobre todo en personas que corren, golpean, cambian de dirección o realizan movimientos explosivos. En muchos casos no afecta solo al tendón, sino a todo el complejo pubiano, abdominal, inguinal y lumbopélvico.
La osteopatía dinámica de pubis, también denominada pubalgia en muchos contextos clínicos, es un cuadro doloroso de la región púbica y peripúbica relacionado con la sobrecarga mecánica de la sínfisis del pubis y de las inserciones musculares cercanas.
El dolor suele instaurarse de manera progresiva a lo largo de semanas o meses. Al principio aparece solo con el ejercicio; después puede persistir en actividades habituales y, en fases avanzadas, acompañar movimientos cotidianos como caminar rápido, girar, subir escaleras o levantarse desde una silla.
La región inguinal del deportista es una auténtica encrucijada anatómica. Pueden confluir lesiones óseas, tendinosas, musculares, abdominales, inguinales o incluso dolor referido desde cadera o columna. Por eso, el término pubalgia debe interpretarse con cuidado, ya que engloba entidades diferentes.
Índice de contenidos
- Anatomía funcional
- Fisiopatología
- Factores predisponentes
- Biomecánica deporte-específica
- Formas de presentación
- Pubalgia baja o enfermedad de los aductores
- Exploración física
- Osteoartropatía pubiana microtraumática
- Diagnóstico
- Diagnóstico diferencial
- Estudios de imagen
- Prevención
- Tratamiento
- Programa de rehabilitación
- Plan de ejercicios
- Tablas de estiramiento y potenciación
- Coactivación muscular
- Volver a secciones principales
Anatomía funcional
La anatomía de la cintura pélvica es compleja. La pelvis funciona como un anillo, de modo que cualquier alteración de fuerzas en una zona puede repercutir en el resto. Esto ayuda a entender por qué una dismetría, una disfunción sacroilíaca, una rigidez de cadera o una alteración lumbar pueden modificar las fuerzas de cizallamiento sobre la sínfisis púbica.
Los aductores de la cadera se originan en la región pubiana y desempeñan un papel esencial en la estabilidad de la pelvis y el control del miembro inferior. Entre ellos destacan el aductor largo, el aductor corto, el aductor mayor, el grácil y el pectíneo.
En la parte superior de la región púbica se insertan estructuras abdominales como el recto abdominal, además del ligamento inguinal y otras estructuras fasciales y tendinosas. Esto hace que el pubis sea una zona de cruce entre fuerzas superiores, inferiores y laterales.
En la región inguinal conviven, en un espacio reducido, el canal inguinal, las inserciones abdominales, la sínfisis púbica, los aductores, el obturador, el iliopsoas y estructuras fasciales y nerviosas. Esta concentración anatómica explica que el dolor de ingle y pubis tenga tantas causas posibles.
Fisiopatología
La región del pubis está sometida a fuerzas opuestas de la musculatura abdominal y de los aductores. Cuando estas tensiones se desequilibran o se repiten de forma excesiva, aparece sobrecarga sobre la sínfisis púbica y sobre las inserciones tendinosas.
Agonismo-antagonismo muscular
El pubis está estabilizado por un conjunto ligamentoso y fascial que conecta músculos abdominales por arriba y aductores por abajo. Esta disposición permite transmitir fuerza, pero también hace que la zona soporte tensiones intensas y en direcciones diferentes.
Características vasculares
Las inserciones musculares recubren buena parte de la superficie anterior del pubis. La vascularización local no siempre es óptima, lo que puede dificultar la recuperación cuando existen microtraumatismos repetidos o sobrecarga mantenida.
Desequilibrio muscular
Una hipertrofia o rigidez excesiva de los aductores, combinada con debilidad abdominal o glútea, puede iniciar el proceso patológico. El resultado puede ser una sobrecarga insercional, tendinosa, tendinomuscular o sinfisaria.
Patología parieto-abdominal
En algunos pacientes domina la alteración de la pared abdominal anterior o del canal inguinal, mientras que en otros predomina la lesión del compartimento aductor. Muchas veces ambas situaciones se superponen y explican cuadros de dolor mixto.
Factores predisponentes
La pubalgia y la tendinopatía de aductores rara vez dependen de un único factor. Habitualmente aparecen por la combinación de anatomía individual, carga deportiva, técnica, fuerza, movilidad y recuperación insuficiente.
Factores intrínsecos
- Dismetría de las extremidades inferiores.
- Displasia de cadera o alteraciones morfológicas de la articulación.
- Hiperlordosis lumbar o falta de control lumbopélvico.
- Espondilólisis u otras alteraciones lumbares.
- Deficiencias de la pared abdominal.
- Rigidez de cadera o pérdida de movilidad en rotación.
- Debilidad de glúteos, abdominales o musculatura estabilizadora de pelvis.
Factores extrínsecos
- Terreno duro, irregular o resbaladizo.
- Calzado muy desgastado o poco adecuado.
- Sobreentrenamiento o fatiga acumulada.
- Mala planificación de cargas y recuperación.
- Gestos técnicos defectuosos.
- Calentamiento insuficiente.
- Aumentos bruscos de volumen, intensidad o competición.
Sexo y edad
Tradicionalmente se ha descrito con mayor frecuencia en hombres, especialmente en deportes con golpeo, sprint y cambios de dirección. Aun así, también puede aparecer en mujeres activas y no debe infravalorarse.
Puede presentarse en diferentes edades, aunque es más frecuente en adultos jóvenes y de mediana edad físicamente activos. En adolescentes conviene valorar también lesiones por tracción en zonas de inserción o alteraciones relacionadas con el crecimiento.
Biomecánica deporte-específica
La tendinopatía de aductores y la pubalgia se relacionan de forma clara con la sobrecarga. Cambios de dirección, sprints, golpeos, apoyos monopodales exigentes o contracciones violentas de la musculatura aductora pueden desencadenar el dolor o mantenerlo en el tiempo.
Los aductores trabajan de forma intensa cuando existe un empuje lateral potente o un cambio brusco de dirección. En estos gestos tienen que generar fuerza, frenar el movimiento, estabilizar la pelvis y redirigir la extremidad.
Fútbol
En el fútbol confluyen carrera, giro, apoyo monopodal y golpeo. Durante el chut, la pelvis y la sínfisis púbica soportan fuerzas de cizallamiento importantes, especialmente si existe desequilibrio entre musculatura abdominal y aductora.
Velocidad y sprint
Las aceleraciones y desaceleraciones rápidas producen microtraumatismos repetidos sobre pubis y aductores. El riesgo aumenta si existe fatiga, rigidez o mala coordinación de pelvis y tronco.
Hockey
El patinaje, la posición de juego y los cambios rápidos de dirección incrementan el riesgo de sobrecarga en la musculatura aductora.
También puede aparecer en rugby, fútbol americano, atletismo, tenis, artes marciales, halterofilia, ciclismo y otras actividades con cambios de ritmo, apoyos laterales o gestos explosivos.
Formas de presentación
Forma aguda
Puede aparecer tras un gesto explosivo, una caída, una apertura brusca de piernas o una tensión súbita de los aductores. En este contexto puede existir una distensión, un desgarro o una lesión de la inserción tendinosa.
Forma crónica
Es la más frecuente. El dolor se instala de forma progresiva en la región inguinopúbica, aparece durante el ejercicio, persiste después y puede terminar afectando a actividades cotidianas.
Pubalgia baja o enfermedad de los aductores
Corresponde al predominio de la lesión osteotendinomuscular de los aductores, con dolor infrapúbico, cara interna del muslo e ingle. Es una de las formas más habituales.
Pubalgia alta o patología parieto-abdominal
Predomina el dolor suprapúbico y del canal inguinal, con irradiación hacia abdomen inferior o hacia la región de los aductores. Puede aumentar con tos, Valsalva o movimientos bruscos del tronco.
Osteoartropatía pubiana microtraumática
Se relaciona con sobrecarga repetida de la sínfisis del pubis. Puede dar una sintomatología más difusa, bilateral y con peor correlación entre dolor e imagen radiológica.
Pubalgia baja o enfermedad de los aductores
La pubalgia baja es la forma en la que predomina el dolor relacionado con la musculatura aductora. Puede afectar a la inserción osteotendinosa, al propio tendón o a la unión músculo-tendinosa.
Localización de la lesión
Los aductores son un grupo muscular potente formado por aductor largo, corto, mayor, grácil y pectíneo. La unión músculo-tendinosa es especialmente vulnerable durante contracciones excéntricas, frenadas, apoyos laterales o cambios bruscos de dirección.
Clínicamente suele manifestarse por dolor en la cara interna del muslo y en la ingle, a menudo unilateral, aunque puede irradiarse hacia pubis, abdomen bajo o región proximal del muslo.
Historia clínica típica
- Dolor proximal en el tendón del aductor largo o en la ingle.
- Molestias al chutar, girar, acelerar o cambiar de ritmo.
- Dolor agudo tipo desgarro en lesiones agudas.
- Dolor sordo y difuso en lesiones crónicas.
- Empeoramiento con la actividad y, en casos avanzados, también en reposo.
Exploración física
La exploración debe valorar la localización exacta del dolor, la fuerza, la flexibilidad, la afectación del pubis y la posible participación de cadera, abdomen, pared inguinal o sistema nervioso periférico.
Valoración inicial
Conviene observar la marcha, la movilidad de cadera, la capacidad de apoyo monopodal, la simetría pélvica y la respuesta al cambio de dirección. En cuadros crónicos es frecuente encontrar compensaciones por dolor, pérdida de fuerza o miedo al gesto deportivo.
- Dolor con aducción resistida.
- Dolor con abducción pasiva completa o estiramiento del aductor.
- Hipersensibilidad, edema o equimosis en lesiones agudas.
- Dolor a la palpación del tendón proximal del aductor largo o de la unión músculo-tendinosa.
- Posible espasmo reactivo o puntos gatillo.
Prueba de aducción resistida
Se pide al paciente que aproxime la pierna contra la resistencia del explorador. La prueba orienta hacia lesión aductora cuando reproduce el dolor habitual en la ingle o en la inserción proximal del aductor. Es importante diferenciar dolor localizado de una simple sensación de esfuerzo muscular.
Prueba del apretón del aductor
El paciente aprieta las rodillas contra la mano del explorador, una pelota o un dinamómetro. Puede realizarse con diferentes grados de flexión de cadera y rodilla. Es útil para provocar el dolor, valorar la fuerza y seguir la evolución durante la rehabilitación.
Palpación del pubis y tendón proximal
La palpación del tendón proximal del aductor largo, la rama púbica y la sínfisis ayuda a localizar la fuente principal del dolor. Si el dolor se sitúa por encima del pubis o aumenta con tos y Valsalva, debe valorarse también la pared abdominal y el canal inguinal.
La exploración debe ayudar a distinguir esta lesión de otras entidades como tendinopatía del iliopsoas, osteítis de pubis, cadera en resorte, hernia del deportista, neuropatía del obturador o patología intraarticular de cadera.
Osteoartropatía pubiana microtraumática
Esta forma se caracteriza por dolor más difuso, a menudo bilateral, localizado sobre sínfisis púbica y ramas isquiopubianas. Puede irradiarse a abdomen, periné o cara superior de los muslos.
Pruebas de provocación
La palpación directa de la sínfisis del pubis o la presión sobre las ramas pubianas puede reproducir el dolor característico. También puede doler al salto monopodal, al apoyo alterno o con maniobras de carga sobre la pelvis.
Evolución por estadios
Puede comenzar con dolor unilateral del lado dominante, pasar después a afectación bilateral y, en fases avanzadas, implicar aductores, abdominales, pelvis y zona lumbar incluso en actividades cotidianas.
Diagnóstico
El diagnóstico es sobre todo clínico. La anamnesis y la exploración física bien dirigidas permiten orientar el cuadro hacia una lesión de aductores, una pubalgia baja, una osteítis del pubis o una afectación combinada.
El paciente suele referir dolor pubiano o inguinal en relación con deporte o actividad física. En la exploración se desencadena dolor con aducción contra resistencia, palpación del tendón proximal, compresión específica o gestos funcionales similares a los que provocan los síntomas.
Las pruebas complementarias ayudan a confirmar el diagnóstico, localizar mejor la lesión y descartar otras causas de dolor inguinal.
Diagnóstico diferencial
El dolor inguinal puede tener muchas causas. Por eso es importante no atribuir todos los cuadros a una simple tendinitis de aductores sin valorar cadera, pubis, abdomen, columna y canal inguinal.
- Osteítis de pubis.
- Tendinopatía del iliopsoas.
- Hernia inguinal o hernia del deportista.
- Sacroileítis o disfunción sacroilíaca.
- Distensión abdominal.
- Fractura de estrés del pubis o del cuello femoral.
- Neuropatía del obturador.
- Infección urinaria, prostatitis o patología pélvica en casos seleccionados.
- Artrosis de cadera u otras patologías intraarticulares.
Estudios de imagen
Las pruebas de imagen ayudan a confirmar la lesión, valorar su localización y descartar otros diagnósticos. Deben interpretarse siempre junto con la clínica, porque pueden existir hallazgos radiológicos sin relación directa con el dolor.
- Radiografía de pelvis: útil para valorar inestabilidad, avulsiones, osteítis del pubis o cambios degenerativos.
- Ecografía: permite estudiar tendones, uniones músculo-tendinosas y masas de partes blandas.
- TAC: útil en fracturas por avulsión o cuando se necesita un estudio óseo más preciso.
- Resonancia magnética: es una de las técnicas más útiles para valorar tendón, músculo, edema óseo, sínfisis púbica y lesiones asociadas.
- Gammagrafía ósea o SPECT: puede ser positiva en fases tempranas de osteítis del pubis.
- Dinamometría isocinética: puede ayudar a detectar desequilibrios musculares y orientar la readaptación.
Prevención
La prevención se basa en controlar las cargas, mantener una buena movilidad de cadera y trabajar la fuerza coordinada de aductores, abdominales, glúteos y musculatura lumbar.
- Calentar correctamente antes del ejercicio.
- Evitar o modificar las actividades que desencadenan dolor.
- Respetar el descanso y la recuperación entre sesiones.
- Trabajar fuerza y flexibilidad de aductores, abdominales, glúteos y musculatura lumbar.
- Usar calzado adecuado.
- Proteger la musculatura en entornos fríos cuando proceda.
- Corregir errores técnicos y progresar la carga de forma gradual.
Tratamiento
El tratamiento inicial suele ser conservador. Debe orientarse a controlar el dolor, reducir la irritabilidad del tejido, corregir los factores mecánicos y recuperar de forma progresiva la fuerza y la función.
Tratamiento conservador inicial
- Reposo relativo: evitar temporalmente los gestos que aumentan claramente el dolor.
- Hielo local: especialmente útil en fases agudas o irritativas.
- AINEs: solo si están indicados médicamente.
- Corrección biomecánica: valorar marcha, cadera, pelvis, longitud de miembros y pared abdominal.
- Educación de carga: adaptar entrenamiento, competición y recuperación.
Tratamiento a medio y largo plazo
- Estiramientos suaves y progresivos.
- Trabajo de fuerza de aductores, abdominales y glúteos.
- Masaje o terapia manual en casos seleccionados.
- Terapias físicas si están indicadas dentro de un programa global.
- Infiltraciones en casos concretos, siempre tras valoración especializada.
- Readaptación progresiva al gesto deportivo.
Tratamiento quirúrgico
La cirugía se reserva para roturas completas o cuadros crónicos refractarios al tratamiento conservador bien realizado. En algunos casos puede plantearse tenotomía, reparación quirúrgica o tratamiento de la pared abdominal, según el patrón lesional y la estructura dominante del dolor.
Programa de rehabilitación
La rehabilitación debe ser progresiva y adaptada a la fase clínica. No basta con estirar los aductores: es necesario recuperar fuerza, tolerancia a la carga, control pélvico y capacidad para realizar gestos específicos sin dolor.
Fase aguda
El manejo inicial debe incluir protección, reposo relativo, control del dolor y movilidad suave. En lesiones dolorosas, el uso temporal de muletas puede ser útil hasta normalizar la marcha.
- Reducir gestos dolorosos de aducción, cambio de dirección o golpeo.
- Iniciar movilidad suave libre de dolor.
- Introducir isométricos progresivos cuando se toleren.
- Evitar estiramientos agresivos si aumentan el dolor inguinal.
Distensión grado I
- Estiramientos suaves sin dolor desde fases tempranas.
- Fortalecimiento progresivo libre de dolor.
- Progresión a ejercicios funcionales y deporte-específicos.
Distensión grado II
- Movilidad activa suave desde fases iniciales.
- Isométricos cuando se toleren sin dolor relevante.
- Progresión gradual hacia deslizamientos, trabajo excéntrico, pliometría y gestos específicos.
Distensión grado III no quirúrgica
- Protección y restricción inicial de carga.
- Muletas hasta normalizar la marcha.
- Isométricos y movilidad suave cuando el dolor lo permita.
- Posteriormente, resistencia progresiva, estiramientos y readaptación funcional.
Distensión crónica
En lesiones de larga evolución conviene un programa supervisado, con cese temporal del deporte si es necesario, trabajo isométrico, fuerza de estabilizadores pélvicos, propiocepción y progresión muy controlada hacia carrera, sprint, golpeo y cambios de dirección.
Complicaciones
La principal complicación es la cronificación. Si la vuelta al deporte se produce demasiado pronto o con persistencia de debilidad, rigidez, dolor o mala coordinación pélvica, el riesgo de recaída aumenta de forma importante.
Educación del paciente
Es importante explicar al paciente que el dolor inguinal por aductores no se resuelve solo con reposo. La recuperación requiere controlar la carga, respetar la progresión de ejercicios y volver de forma gradual a los gestos que provocaban dolor.
El fisioterapeuta o readaptador debe guiar la reincorporación segura a la actividad, especialmente en deportes con sprint, golpeo, frenadas o cambios de dirección.
Plan de ejercicios para la tendinopatía de los aductores
Este plan se organiza por fases y debe adaptarse al nivel de dolor y función del paciente. No conviene realizar ejercicios que reproduzcan dolor claro durante o después de la sesión.
Fase 1. Reducción del dolor
El objetivo es disminuir la irritabilidad y empezar a activar la musculatura sin provocar dolor. Se priorizan ejercicios de baja carga y control lumbopélvico.
- Respiración diafragmática y movilización lumbar: ayuda a reducir tensión y mejorar el control del tronco.
- Isométricos de aductores: permiten activar la musculatura sin movimiento amplio.
- Estiramiento en mariposa: debe ser suave y sin dolor inguinal claro.
Fase 2. Activación muscular
Cuando el dolor está más controlado, se introducen ejercicios de fuerza suave y estabilidad. El objetivo es mejorar la tolerancia del aductor y la coordinación con abdomen y glúteos.
- Isométricos con banda: progresan la activación de aductores.
- Step-up bajo: mejora el control funcional de cadera y pelvis.
- Plancha lateral con rodillas: trabaja estabilidad lateral y control del tronco.
Fase 3. Fortalecimiento dinámico
En esta fase se busca aumentar la tolerancia a la carga y recuperar fuerza en patrones más funcionales. La progresión debe ser lenta si el dolor lleva mucho tiempo de evolución.
- Sliding lunge: trabaja control excéntrico y movilidad.
- Copenhague corto: fortalece aductores con una palanca reducida.
- Sentadilla sumo: integra fuerza de cadera, glúteos y aductores.
Fase 4. Readaptación deportiva
La última fase introduce ejercicios más exigentes y específicos. Debe iniciarse cuando la fuerza, el dolor y el control funcional permiten tolerar cargas laterales y gestos explosivos.
- Copenhague completo: aumenta la exigencia sobre los aductores.
- Zancada lateral con peso: reproduce gestos de desplazamiento lateral.
- Saltos laterales controlados: preparan para cambios de dirección y apoyos rápidos.
Estiramientos complementarios
Los estiramientos pueden ser útiles, pero no deben utilizarse como tratamiento único. Deben realizarse sin rebotes y sin provocar dolor agudo en la ingle.
- Estiramiento en apertura lateral: mejora la tolerancia al alargamiento del aductor.
- Liberación miofascial con foam roller: puede ayudar a reducir sensación de tensión muscular.
Tablas de estiramiento y potenciación
Las siguientes imágenes recogen variantes de estiramiento, zancadas y ejercicios de potenciación. Deben seleccionarse según la fase clínica, evitando ejercicios que reproduzcan dolor inguinal claro.
Ejercicios complementarios
Estos ejercicios pueden utilizarse como complemento según la tolerancia del paciente. Conviene integrarlos dentro de un programa progresivo, no como una lista aislada de movimientos.
Coactivación de músculos antagonistas
Muchos movimientos dependen de la contracción simultánea y coordinada de músculos antagonistas a ambos lados de una articulación. Esta coactivación es especialmente importante en pelvis y cadera, donde abdominales, glúteos y aductores deben trabajar de forma equilibrada para proteger la región púbica.
Cuando los aductores trabajan con exceso de tensión y los estabilizadores abdominales o glúteos no colaboran correctamente, el pubis recibe más carga. Por eso, la rehabilitación debe incluir fuerza específica de aductores, pero también estabilidad lumbopélvica y control funcional.