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Dr. Arturo Mahiques

Qué es la tendinopatía aquílea

La tendinopatía del tendón de Aquiles es una causa frecuente de dolor en la parte posterior del tobillo. Puede aparecer en corredores, deportistas de salto y cambio de ritmo, pero también en personas no deportistas cuando existe sobrecarga repetida, rigidez de la cadena posterior, cambios bruscos de actividad o problemas del calzado.

Durante años se habló mucho de tendinitis y tendinosis. En la práctica actual suele preferirse el término tendinopatía aquílea, porque engloba distintos cambios del tendón y ayuda a enfocar mejor el tratamiento. Lo importante no es solo poner nombre al problema, sino valorar qué zona está afectada, cuánto tiempo lleva doliendo y cómo responde a la carga.

Anatomía del tendón de Aquiles y aspectos clínicos

El tendón de Aquiles une los músculos gastrocnemio y sóleo con el calcáneo. Es el tendón más potente del organismo y resulta esencial para caminar, correr, saltar y ponerse de puntillas.

Anatomía del tendón de Aquiles

Hay varios aspectos anatómicos que explican por qué esta zona se lesiona con frecuencia:

  • Zona de peor irrigación: una región situada aproximadamente entre 2 y 6 cm por encima de la inserción calcánea es especialmente vulnerable a la sobrecarga.
  • Paratendón en lugar de vaina sinovial: alrededor del Aquiles existe un tejido de deslizamiento que también puede inflamarse.
  • Cargas muy elevadas: durante la carrera o el salto el tendón soporta fuerzas muy altas de manera repetida.
  • Influencia de la movilidad y del calzado: la rigidez del tobillo, ciertos cambios de superficie o un calzado poco adaptado pueden aumentar el estrés sobre el tendón.
Zonas frecuentes de lesión en el tendón de Aquiles

Tipos de tendinopatía aquílea

No todas las molestias del Aquiles son iguales. De forma práctica conviene diferenciar:

  • Tendinopatía no insercional: afecta al cuerpo del tendón, normalmente unos centímetros por encima de su inserción. Es la forma más habitual en deportistas.
  • Tendinopatía insercional: afecta a la unión del tendón con el calcáneo. Puede asociarse a bursitis retrocalcánea o a una prominencia posterior del calcáneo.
  • Paratendinopatía o paratendinitis: predomina la inflamación del tejido que rodea al tendón, a veces con crepitación o sensación de roce.
  • Rotura parcial o total: debe sospecharse cuando el dolor es brusco, la impotencia funcional es importante o existe sensación de “latigazo”.
Tipos de lesiones del tendón de Aquiles

Tendinitis, tendinosis y concepto actual de tendinopatía

Aunque ambos términos siguen utilizándose, hoy se sabe que muchas lesiones del Aquiles no son puramente inflamatorias. Por eso se habla cada vez más de tendinopatía.

  • Tendinitis: describe mejor cuadros agudos o subagudos, con dolor reciente y componente inflamatorio más evidente.
  • Tendinosis: se usa para procesos más crónicos, con desorganización del colágeno y cambios degenerativos del tendón.
  • Tendinopatía: es el término más útil en consulta porque integra dolor, alteración funcional y cambios estructurales sin limitarse a una sola fase histológica.

En muchos pacientes existe un continuo entre sobrecarga inicial, dolor persistente y cambios degenerativos. Por eso el tratamiento debe centrarse en la modulación de la carga y en una rehabilitación progresiva, más que en el reposo absoluto.

Síntomas

Los síntomas pueden variar según la localización y la fase del problema, pero lo más habitual es encontrar:

  • Dolor en la parte posterior del tobillo o por encima del talón.
  • Rigidez matutina o al iniciar la marcha tras estar en reposo.
  • Dolor al correr, subir escaleras, saltar o ponerse de puntillas.
  • Engrosamiento del tendón o sensibilidad a la palpación.
  • Empeoramiento tras la actividad o cuando se incrementa la carga demasiado rápido.

En las formas insercionales el dolor suele localizarse más cerca del calcáneo y puede aumentar con zapatos rígidos o con ciertos gestos de dorsiflexión forzada. En las formas no insercionales es más típico el dolor algo más proximal, en el cuerpo del tendón.

Diagnóstico

El diagnóstico es principalmente clínico. La historia, la localización del dolor y la exploración suelen orientar bien el problema. Las pruebas de imagen se reservan para confirmar hallazgos, descartar roturas o valorar lesiones asociadas.

Prueba Utilidad principal
Exploración clínica Localizar el dolor, valorar el grosor tendinoso, la respuesta a la carga y descartar rotura.
Ecografía Permite valorar grosor, desorganización fibrilar, líquido peritendinoso, neovascularización o bursitis asociada.
Resonancia magnética Útil en casos complejos, roturas parciales, dolor persistente o planificación quirúrgica.
Radiografías Pueden ayudar a detectar calcificaciones, deformidad de Haglund o cambios óseos asociados.

Tratamiento conservador

En la mayoría de los casos el tratamiento inicial es no quirúrgico. El punto clave es ajustar la carga sin caer en el reposo absoluto prolongado.

Objetivo Medidas habituales Comentario
Control del dolor Hielo tras la actividad, analgésicos y en algunos casos antiinflamatorios a corto plazo. Los antiinflamatorios no deben convertirse en la base del tratamiento crónico.
Modulación de la carga Reducir carrera, saltos o gestos muy dolorosos; mantener actividad alternativa de bajo impacto. Evitar tanto la sobrecarga mantenida como el reposo absoluto prolongado.
Corrección de factores asociados Revisar calzado, técnica deportiva, rigidez de gemelos, fuerza de sóleo y control de peso si procede. Los factores predisponentes influyen mucho en la evolución.
Terapias complementarias Ondas de choque en casos seleccionados, plantillas o alzas temporales cuando están indicadas. No sustituyen al trabajo progresivo de fuerza y carga.

Las infiltraciones con corticoides deben valorarse con mucha prudencia en esta zona, especialmente cuando afectan al cuerpo del tendón, por el riesgo de debilitarlo.

Fisioterapia y rehabilitación

La rehabilitación es el eje del tratamiento. El objetivo no es solo quitar dolor, sino conseguir que el tendón vuelva a tolerar carga de forma progresiva.

Fase inicial

  • Reducir actividades muy dolorosas.
  • Iniciar movilidad suave del tobillo.
  • Utilizar ejercicios isométricos si ayudan a controlar el dolor.
  • Mantener la condición física con actividades de bajo impacto.
Ejercicio isométrico para el tendón de Aquiles

Fase de fortalecimiento

  • Trabajo progresivo de gemelo y sóleo.
  • Elevaciones de talón en suelo y después en escalón, según tolerancia.
  • Programas de carga excéntrica o heavy slow resistance según el caso.
  • Control de la técnica y del volumen de entrenamiento.
Ejercicio excéntrico para tendinopatía aquílea
Elevaciones de talones en escalón

Fase funcional y retorno a la actividad

  • Trabajo de equilibrio y propiocepción.
  • Progresión a carrera, cambios de ritmo o saltos de forma escalonada.
  • Mantenimiento de fuerza 2 o 3 veces por semana para prevenir recaídas.
  • Revisión del dolor de respuesta tras el ejercicio para ajustar la carga.
Trabajo propioceptivo en la rehabilitación del Aquiles

¿Cuándo puede plantearse cirugía?

La cirugía suele reservarse para casos seleccionados: dolor persistente pese a un tratamiento conservador bien hecho, roturas parciales importantes, tendinopatía insercional rebelde o problemas estructurales asociados.

  • Indicaciones habituales: fracaso del tratamiento conservador mantenido, limitación funcional importante o lesión estructural relevante.
  • Técnicas posibles: desbridamiento, tratamiento de la inserción, resección de prominencias óseas asociadas o procedimientos reconstructivos según el caso.
  • Después de la cirugía: también será necesaria una rehabilitación progresiva para recuperar fuerza, movilidad y función.

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