Fase 1: rehabilitación aguda de la rodilla
Introducción
La fase aguda de la rehabilitación de rodilla abarca los primeros días o semanas tras una lesión o intervención. Su objetivo es controlar los síntomas, proteger las estructuras lesionadas y comenzar una activación muscular suave.
En esta etapa conviene evitar tanto el reposo excesivo como una progresión demasiado rápida. La recuperación inicial suele centrarse en reducir dolor e inflamación, mantener la movilidad dentro de un rango tolerable y prevenir la inhibición del cuádriceps o la rigidez articular.
Índice de contenidos
Objetivos terapéuticos
- Reducir dolor e inflamación.
- Evitar rigideces articulares.
- Prevenir atrofia muscular.
- Proteger la articulación y favorecer la reparación.
Ejercicios recomendados
Estos ejercicios pueden realizarse varias veces al día, siempre sin provocar dolor. La supervisión profesional es recomendable para adaptar el ritmo y la progresión.
Elevación de pierna estirada
Activa el cuádriceps sin mover la rodilla. Es útil para mantener el tono muscular y reducir la inhibición del cuádriceps en fases iniciales.
Contracciones isométricas de cuádriceps
Se realiza empujando la parte posterior de la rodilla contra una toalla o almohada, sin mover la pierna. La contracción debe ser progresiva y sin dolor.
Movilizaciones pasivas o asistidas
Consisten en realizar flexión y extensión suave de la rodilla ayudándose con la otra pierna o con las manos, siempre dentro de un rango cómodo y sin dolor intenso.
Estiramiento suave de isquiotibiales
Puede hacerse tumbado con una toalla o banda elástica para reducir rigidez posterior. Debe notarse tensión suave, no dolor agudo.
Deslizamientos de talón en el suelo
Con un calcetín o trapo bajo el pie, se desliza suavemente el talón hacia los glúteos para iniciar la flexión activa de la rodilla.
Frecuencia recomendada
- Realizar los ejercicios de 3 a 5 veces al día, en series de 10 a 15 repeticiones.
- Evitar ejercicios que provoquen dolor claro o aumento visible de la inflamación.
- Utilizar frío local tras la sesión si hay sensibilidad, calor o hinchazón.
Si la rodilla reacciona con más dolor, derrame o rigidez mantenida, conviene reducir la intensidad y revisar la progresión antes de avanzar.