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Dr. Arturo Mahiques

Qué es la artrosis

La artrosis, también llamada osteoartritis o artropatía degenerativa, es una enfermedad crónica de las articulaciones sinoviales. El proceso se inicia principalmente en el cartílago hialino, que recubre las superficies articulares, pero con el tiempo puede afectar también al hueso subcondral, la cápsula, la membrana sinovial, los ligamentos, los tendones y la musculatura periarticular.

Es el trastorno articular más frecuente. Su prevalencia aumenta con la edad, aunque no debe entenderse como una simple consecuencia del envejecimiento. Muchas personas presentan cambios degenerativos radiológicos sin síntomas importantes, mientras que otros pacientes desarrollan dolor, rigidez, deformidad o limitación funcional significativa.

La asociación entre edad y artrosis puede dar la impresión de que la enfermedad es solo el resultado del desgaste del cartílago. Sin embargo, si la artrosis fuese únicamente una consecuencia inevitable de la edad, todas las personas acabarían desarrollando artrosis sintomática, y esto no ocurre. Los cambios fisiológicos del cartílago con el paso de los años pueden favorecer la enfermedad, pero no explican por sí solos su aparición ni su evolución.

La historia natural de la artrosis es variable. Puede permanecer estable durante mucho tiempo, evolucionar lentamente o, en algunos casos, progresar de forma más agresiva. Además, las imágenes radiográficas no siempre predicen la intensidad del dolor ni el grado de limitación funcional.

El cartílago articular

El cartílago articular es un tejido especializado que permite el movimiento suave de las articulaciones y ayuda a distribuir las cargas. Está formado por una matriz extracelular abundante y por condrocitos, que son las células responsables de sintetizar y mantener los componentes de esa matriz.

La matriz extracelular contiene principalmente colágeno, ácido hialurónico, proteoglicanos y glicoproteínas. Según sus características, el cartílago puede ser hialino, fibroso o elástico. El cartílago hialino es el que recubre la mayor parte de las superficies articulares.

El cartílago articular tiene una característica muy importante: no posee vasos sanguíneos, linfáticos ni terminaciones nerviosas. Por ello, sus células se nutren por difusión desde el líquido sinovial y, en menor medida, desde el hueso subcondral. Esta limitada capacidad de nutrición y reparación explica en parte por qué las lesiones del cartílago pueden tener una recuperación difícil.

Cartílago articular normal

Las propiedades biomecánicas del cartílago dependen de la organización de su matriz. Sus principales componentes son:

  • Agua: representa aproximadamente entre el 65 % y el 80 % del peso del tejido. Participa en la resistencia a la compresión, la lubricación y el transporte de nutrientes.
  • Colágeno: supone entre el 10 % y el 30 % del cartílago. El colágeno tipo II es el predominante y forma una red tridimensional que da resistencia tensil y estructura al tejido.
  • Proteoglicanos: representan entre el 5 % y el 10 %. El agrecano es el principal. Sus cadenas atraen agua y aportan elasticidad y resistencia frente a las cargas.
  • Condrocitos: son las únicas células del cartílago. Mantienen el equilibrio entre síntesis y degradación de la matriz, y responden a estímulos mecánicos y químicos.

Clasificación de la artrosis

La artrosis no es una única enfermedad uniforme, sino un proceso común final al que pueden llegar diferentes factores mecánicos, genéticos, metabólicos, traumáticos, inflamatorios o anatómicos. Por eso puede clasificarse de varias formas.

De forma clásica se distingue entre:

  • Artrosis primaria o idiopática: aparece sin un factor desencadenante único claramente identificable. Puede tener influencia genética, metabólica, hormonal o mecánica.
  • Artrosis secundaria: se desarrolla sobre una alteración previa, como una fractura articular, una displasia, una enfermedad metabólica, una inestabilidad, una deformidad o una lesión intraarticular.

Esta distinción no siempre es absoluta. Una artrosis secundaria también necesita un terreno biológico y mecánico favorable para desarrollarse, y muchas artrosis consideradas primarias pueden tener factores anatómicos o genéticos no evidentes inicialmente.

Tipo de artrosis Características principales
Primaria localizada Puede afectar a manos, pies, rodilla, cadera, columna, hombro, articulación acromioclavicular u otras localizaciones.
Primaria generalizada Afecta a tres o más grupos articulares, como pequeñas articulaciones periféricas, grandes articulaciones centrales o raquis.
Secundaria postraumática Aparece tras fracturas articulares, lesiones ligamentarias, meniscectomías, inestabilidad o traumatismos repetidos.
Secundaria congénita o del desarrollo Relacionada con displasia de cadera, enfermedad de Perthes, epifisiolisis, displasias óseas, deformidades en varo o valgo, hipermovilidad o dismetrías.
Secundaria metabólica o por depósito Puede asociarse a hemocromatosis, ocronosis, condrocalcinosis, depósito de pirofosfato cálcico o cristales de hidroxiapatita.
Secundaria a otras enfermedades articulares Puede aparecer en relación con necrosis avascular, gota, artritis reumatoide, artritis séptica, hemofilia o enfermedad de Paget.
Radiografía con cambios degenerativos por artrosis

Causas y factores de riesgo

No existe una sola causa de artrosis. La enfermedad aparece cuando se rompe el equilibrio entre las cargas que soporta una articulación y la capacidad del cartílago, del hueso subcondral y de las estructuras periarticulares para tolerarlas.

La frecuencia de la artrosis aumenta con la edad, pero esto no significa que sea una expresión inevitable de la vejez. Con el paso de los años, el cartílago pierde parte de su elasticidad, disminuye su contenido en proteoglicanos y puede reducirse su capacidad de reparación. Sin embargo, estos cambios no siempre son progresivos ni provocan necesariamente artrosis clínica.

Desde el punto de vista mecánico y biológico, pueden distinguirse varios mecanismos:

  • Aumento de la carga articular: puede deberse al exceso de peso, a deformidades, a incongruencia articular, a inestabilidad o a actividades que generan sobrecarga repetida.
  • Debilidad del cartílago: aparece cuando el cartílago pierde resistencia o se altera por factores genéticos, metabólicos, inflamatorios o por depósito de cristales.
  • Sostén subcondral defectuoso: el hueso bajo el cartílago puede ser demasiado frágil, como en la osteonecrosis, o demasiado rígido, como tras algunas fracturas, alterando la absorción de cargas.
  • Alteraciones anatómicas: displasias, desviaciones axiales, dismetrías, hipermovilidad o secuelas de lesiones pueden modificar la distribución de presiones dentro de la articulación.
Factor Relación con la artrosis
Edad Aumenta la prevalencia, aunque no es una causa única ni suficiente.
Historia familiar Especialmente relevante en artrosis de manos y formas generalizadas.
Obesidad Incrementa la carga mecánica, sobre todo en rodilla y cadera, y también puede influir por mecanismos metabólicos.
Traumatismos Fracturas articulares, lesiones ligamentarias o meniscales pueden favorecer artrosis secundaria.
Inestabilidad o hipermovilidad Alteran la distribución de cargas y aumentan el estrés sobre el cartílago.
Deformidades articulares El varo, el valgo, la displasia o la incongruencia articular pueden concentrar la carga en zonas concretas.
Factores metabólicos y hormonales Diabetes, menopausia precoz, alteraciones endocrinas o enfermedades metabólicas pueden influir en algunos pacientes.

Patogenia de la artrosis

La artrosis comienza habitualmente con una alteración del cartílago articular. El cartílago pierde progresivamente parte de su capacidad para resistir las fuerzas de compresión y cizallamiento. Esto se debe a cambios en la matriz extracelular, en la red de colágeno, en los proteoglicanos y en la actividad de los condrocitos.

Cambios relacionados con la edad

Con la edad puede producirse un descenso de la hidratación del colágeno, cambios en los glucosaminoglicanos y reducción del tamaño de algunos proteoglicanos. También pueden aparecer divisiones proteolíticas de proteínas de enlace, lo que desestabiliza la matriz extracelular. Como resultado, el cartílago puede perder parte de su capacidad para soportar cargas.

Lesiones del cartílago

Las lesiones del cartílago pueden aparecer por impacto único, microtraumatismos repetidos o traumatismos osteocondrales. Las lesiones contusas pueden provocar pérdida de proteoglicanos sin dañar inicialmente a los condrocitos. Si el daño es limitado, puede existir cierta reparación; si es repetido o intenso, el deterioro puede ser irreversible.

Las fracturas que afectan al cartílago y al hueso subcondral generan hemorragia, inflamación, liberación de citocinas y formación de tejido reparativo. Sin embargo, el tejido que se forma suele ser fibrocartílago, menos resistente que el cartílago hialino original.

Cambios propios de la artrosis

En la artrosis aparecen áreas focales de daño cartilaginoso, fibrilación y pérdida de volumen. Las lesiones suelen comenzar en las zonas de mayor contacto y progresan en profundidad hasta exponer el hueso subcondral.

Inicialmente se pierde matriz, sobre todo proteoglicanos. Más adelante se altera la red de colágeno. Los condrocitos intentan reparar el tejido y pueden formar clones celulares, pero sintetizan matriz de composición anómala y más vulnerable a la degradación enzimática.

El desequilibrio entre síntesis y degradación se agrava por la acción de metaloproteinasas, cisteína-proteinasas, interleucina 1, factor de necrosis tumoral y otros mediadores inflamatorios. Aunque la artrosis no es una artritis inflamatoria clásica, actualmente se reconoce que la inflamación de bajo grado puede intervenir en su progresión.

En fases avanzadas, la superficie del cartílago se vuelve irregular, se fisura y puede desaparecer. El hueso subcondral responde con esclerosis, quistes y osteofitos. La sinovial puede inflamarse de forma secundaria por restos de cartílago y cristales, y la cápsula puede engrosarse y retraerse.

Síntomas y clínica

La clínica de la artrosis depende de la articulación afectada, del grado de daño estructural, de la actividad del paciente, de la musculatura periarticular y de la presencia de inflamación secundaria. No siempre existe una relación directa entre la radiografía y los síntomas.

Dolor

El dolor es el síntoma más característico. Suele tener un patrón mecánico: aparece o empeora con la carga y el movimiento, mejora con el reposo y puede reaparecer tras esfuerzos prolongados. En fases iniciales suele notarse al comenzar la actividad o al final del día. En fases avanzadas puede aparecer incluso en reposo.

Imagen radiológica de artrosis

Rigidez

La rigidez suele aparecer por la mañana o tras periodos prolongados de reposo. A diferencia de las artritis inflamatorias, habitualmente es de corta duración. Puede acompañarse de sensación de bloqueo, dificultad para iniciar el movimiento o pérdida progresiva del rango articular.

Limitación funcional

La limitación funcional depende de la localización. En la rodilla puede dificultar caminar, subir escaleras o levantarse de una silla. En la cadera puede limitar la marcha, el calzado o la movilidad. En la mano puede afectar la pinza, la fuerza y las actividades finas.

Otros signos clínicos

  • Crepitación: sensación de roce o crujido al movilizar la articulación.
  • Tumefacción: puede deberse a derrame, sinovitis, engrosamiento capsular u osteofitos.
  • Deformidad: puede ser causa y consecuencia de la artrosis, como ocurre en el genu varo o en algunas deformidades de los dedos.
  • Atrofia muscular: frecuente en fases avanzadas o cuando el dolor reduce la actividad.
  • Inestabilidad: puede aparecer en etapas tardías por pérdida de soporte cartilaginoso, capsular, ligamentario o muscular.

Diagnóstico

El diagnóstico de la artrosis se basa en la combinación de la historia clínica, la exploración física y las pruebas de imagen. La sospecha aparece ante un dolor articular de características mecánicas, rigidez breve, limitación progresiva de la movilidad y signos de degeneración articular.

Durante la exploración pueden encontrarse dolor a la palpación, crepitación, limitación del movimiento, deformidad, derrame o pérdida de fuerza. También debe valorarse la alineación de la extremidad, la estabilidad articular, la marcha y la repercusión funcional.

Es importante diferenciar la artrosis de otras enfermedades articulares, como artritis inflamatorias, artritis séptica, gota, condrocalcinosis, necrosis avascular, fracturas por estrés, lesiones meniscales, tendinopatías o bursitis periarticulares.

Pruebas complementarias

Radiografía simple

La radiografía simple es la prueba más utilizada para valorar la artrosis. En articulaciones de carga, como rodilla o cadera, suele ser importante realizar radiografías en bipedestación para valorar correctamente la disminución del espacio articular.

Los signos radiológicos clásicos son:

  • Disminución de la interlínea articular: refleja la pérdida de cartílago.
  • Osteofitos: proliferaciones óseas marginales relacionadas con la respuesta reparativa del hueso.
  • Esclerosis subcondral: aumento de densidad del hueso bajo el cartílago.
  • Geodas o quistes subcondrales: cavidades óseas asociadas a sobrecarga y cambios degenerativos.
  • Deformidad o subluxación: más frecuente en fases avanzadas.
Osteofitos y signos radiológicos de artrosis

En estadios iniciales la radiografía puede ser normal. Por el contrario, algunas personas presentan signos radiológicos de artrosis sin dolor relevante. Por eso la imagen debe interpretarse siempre en relación con los síntomas y la exploración.

Localización Hallazgos frecuentes
Articulaciones periféricas Osteofitos, disminución del espacio articular, esclerosis subcondral, quistes, deformidad ósea, calcificaciones periarticulares y derrame de partes blandas.
Columna Osteofitos anteriores o laterales, disminución del espacio discal, cambios facetarios, espondilosis, espondilolistesis o calcificaciones ligamentosas.

Otras pruebas

La resonancia magnética puede ser útil cuando existen dudas diagnósticas, sospecha de lesiones asociadas, necrosis avascular, lesiones meniscales, afectación osteocondral o dolor desproporcionado respecto a la radiografía.

La ecografía puede ayudar a valorar derrame, sinovitis, quistes, bursitis o tendinopatías asociadas. La analítica no suele ser necesaria en una artrosis típica, pero puede solicitarse si se sospecha una enfermedad inflamatoria, metabólica, infecciosa o por depósito de cristales.

Formas clínicas frecuentes

La artrosis puede afectar prácticamente a cualquier articulación, aunque existen localizaciones especialmente frecuentes y formas clínicas características.

  • Artrosis interfalángica distal: se asocia a nódulos de Heberden, más frecuente en mujeres y con componente familiar.
  • Artrosis interfalángica proximal: puede producir nódulos de Bouchard y coexistir con artrosis interfalángica distal.
  • Rizartrosis del pulgar: afecta a la articulación trapeciometacarpiana y puede causar dolor, pérdida de fuerza de pinza y deformidad.
  • Artrosis de rodilla: puede afectar al compartimento interno, externo o femoropatelar. La obesidad, las deformidades y lesiones previas son factores relevantes.
  • Artrosis de cadera: puede provocar dolor inguinal, limitación de la movilidad y dificultad para caminar o calzarse.
  • Artrosis de columna: incluye cambios discales, facetarios y osteofitosis, con posible dolor cervical, dorsal o lumbar.
  • Artrosis erosiva de manos: forma más inflamatoria y rápida, con erosiones en articulaciones interfalángicas.
  • Artrosis generalizada idiopática: afecta a varios grupos articulares y suele tener componente genético.
Localizaciones frecuentes de la artrosis

Tratamiento conservador

El tratamiento de la artrosis debe ser individualizado. Sus objetivos son reducir el dolor, mejorar la movilidad, mantener la función, retrasar la progresión cuando sea posible y evitar tratamientos innecesarios o desproporcionados.

Medidas generales y educación

Las medidas no farmacológicas son el pilar básico del tratamiento, especialmente en artrosis de miembros inferiores. El paciente debe comprender que la artrosis es una enfermedad crónica, pero que una buena estrategia de cuidado permite mantener una vida activa con adaptaciones razonables.

  • Evitar el reposo absoluto prolongado.
  • Reducir actividades de impacto o sobrecarga mantenida.
  • Alternar actividad y descanso en fases dolorosas.
  • Usar ayudas técnicas si reducen dolor y mejoran la marcha.
  • Adaptar el calzado y corregir apoyos cuando sea necesario.
  • Controlar el peso, especialmente en artrosis de rodilla, cadera, tobillo o pie.

Ejercicio terapéutico y rehabilitación

El ejercicio es una parte esencial del tratamiento. Debe adaptarse a la articulación afectada, al dolor y al estado general del paciente. El objetivo no es forzar la articulación, sino mantener movilidad, fuerza, equilibrio y tolerancia a la carga.

Los ejercicios suaves, progresivos y realizados de forma regular ayudan a conservar el rango articular, mejorar la musculatura y reducir la sobrecarga sobre la articulación. En general, son útiles los ejercicios de movilidad, fortalecimiento, trabajo aeróbico de bajo impacto y entrenamiento funcional.

Tratamiento farmacológico

El tratamiento farmacológico debe utilizarse de forma escalonada y teniendo en cuenta la edad, las enfermedades asociadas y el riesgo digestivo, cardiovascular, renal o hepático del paciente.

  • Paracetamol: puede utilizarse en dolor leve o moderado, aunque su eficacia puede ser limitada en algunos pacientes.
  • Antiinflamatorios no esteroideos: pueden mejorar dolor y rigidez, pero deben emplearse con precaución por sus posibles efectos adversos gastrointestinales, cardiovasculares y renales.
  • Analgésicos opioides: se reservan para crisis dolorosas intensas o situaciones seleccionadas, durante periodos breves y con control médico.
  • Corticoides intraarticulares: pueden indicarse en episodios de sinovitis o derrame, con alivio temporal. No deben repetirse de forma indiscriminada.

Condroprotectores y viscosuplementación

Los condroprotectores o SYSADOA son tratamientos de acción lenta que pueden aportar mejoría sintomática en algunos pacientes. No deben considerarse curativos ni capaces de regenerar por sí solos el cartílago, pero pueden formar parte de una estrategia combinada.

Tratamiento Vía Uso clínico Comentarios
Glucosamina Oral Puede mejorar dolor y función en algunos pacientes. Evidencia variable. Buena tolerancia.
Condroitín sulfato Oral Opción complementaria en artrosis leve o moderada. Su efecto, si aparece, suele ser gradual.
Diacereína Oral Uso seleccionado en artrosis de cadera o rodilla. Puede producir diarrea y requiere control médico.
Ácido hialurónico Intraarticular Puede utilizarse en artrosis inicial o moderada, sobre todo en rodilla. Busca mejorar la viscosidad del líquido sinovial y reducir el dolor.
Omega-3 Oral Posible coadyuvante por efecto antiinflamatorio. No sustituye a las medidas principales de tratamiento.

Su uso debe basarse en expectativas realistas. La respuesta es variable, por lo que conviene reevaluar periódicamente si el tratamiento aporta beneficio clínico.

Tratamiento conservador de la artrosis

Tratamiento quirúrgico

El tratamiento quirúrgico se plantea cuando el dolor, la deformidad o la limitación funcional no se controlan con medidas conservadoras y afectan de forma importante a la calidad de vida. La indicación depende de la articulación afectada, la edad, el nivel de actividad, el grado de lesión y las expectativas del paciente.

Las opciones quirúrgicas pueden ser extraarticulares o intraarticulares.

Procedimientos extraarticulares

  • Osteotomías: corrigen ejes de carga alterados, como el varo o el valgo, para descargar el compartimento afectado.
  • Denervaciones capsulares: se han utilizado en algunas localizaciones con el objetivo de reducir dolor, aunque su indicación es más limitada.

Procedimientos intraarticulares

  • Artroplastia: sustitución parcial o total de la articulación. Es una opción habitual en artrosis avanzada de cadera, rodilla, hombro y otras articulaciones seleccionadas.
  • Artrodesis: fusión de la articulación. Puede indicarse en articulaciones donde se prioriza eliminar el dolor aunque se pierda movilidad.
  • Procedimientos artroscópicos: tienen indicaciones concretas y limitadas; no suelen ser útiles como tratamiento aislado de una artrosis avanzada.

Pronóstico y evolución

La evolución de la artrosis suele ser lenta y no siempre lineal. Puede haber periodos de estabilidad, brotes de dolor, fases de empeoramiento y etapas de mejoría clínica. Parte del deterioro funcional puede relacionarse con la edad, la pérdida de fuerza, el sedentarismo o enfermedades asociadas, no solo con el daño articular visible en la radiografía.

Los hallazgos radiológicos no siempre se correlacionan con el dolor ni con la función. Algunos pacientes presentan radiografías muy alteradas con síntomas tolerables, mientras que otros tienen dolor importante con cambios radiológicos moderados.

Entre los factores de peor pronóstico se encuentran la obesidad, la inestabilidad articular, las deformidades importantes, los traumatismos previos, la debilidad muscular y la persistencia de sobrecargas mecánicas. En ausencia de estos factores, muchos pacientes pueden mantener una evolución relativamente estable con medidas adecuadas.

Conclusión

La artrosis es una enfermedad articular crónica, frecuente y multifactorial. Aunque se asocia a la edad, no es simplemente una consecuencia inevitable del envejecimiento. En su desarrollo intervienen factores mecánicos, genéticos, metabólicos, inflamatorios, hormonales y traumáticos.

Se caracteriza por el deterioro progresivo del cartílago articular, cambios en el hueso subcondral, formación de osteofitos y, en ocasiones, sinovitis secundaria. Sus síntomas principales son dolor mecánico, rigidez breve, crepitación, pérdida de movilidad y limitación funcional.

El tratamiento debe ser integral. La educación, el ejercicio adaptado, el control del peso, la protección articular y la rehabilitación son la base del manejo. Los medicamentos y las infiltraciones pueden ayudar a controlar los síntomas, y la cirugía se reserva para casos avanzados o incapacitantes.

No existe una cura definitiva para la artrosis, pero un abordaje precoz, individualizado y mantenido puede aliviar el dolor, mejorar la función y preservar la autonomía del paciente durante más tiempo.

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