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Dr. Arturo Mahiques

Qué es la fibromialgia

La fibromialgia es un síndrome crónico caracterizado por dolor musculoesquelético generalizado, fatiga, sueño no reparador, alteraciones cognitivas y una sensibilidad aumentada frente a estímulos que normalmente no deberían producir dolor intenso.

Actualmente se considera un trastorno relacionado con la sensibilización central. Esto significa que el sistema nervioso procesa el dolor de forma amplificada, de modo que estímulos físicos, emocionales o ambientales pueden generar una respuesta dolorosa desproporcionada.

No se trata de una lesión localizada en una articulación o un músculo concreto, sino de un cuadro clínico complejo en el que intervienen factores biológicos, psicológicos, sociales, del sueño, del estrés y de la actividad física. Debe diferenciarse de procesos como la sobrecarga muscular o el síndrome miofascial, que pueden producir dolor muscular, pero con un patrón clínico distinto.

Prevalencia general y en España

La fibromialgia afecta aproximadamente al 2-4% de la población general. Es más frecuente en mujeres, aunque también puede presentarse en hombres. Suele diagnosticarse con mayor frecuencia entre los 30 y los 60 años.

En España, los estudios epidemiológicos, como el proyecto EPISER de la Sociedad Española de Reumatología, han situado la prevalencia en torno al 2,4% de la población.

Además del dolor, la fibromialgia puede producir un impacto importante en la calidad de vida, la capacidad laboral, el descanso nocturno, el estado de ánimo y la actividad física diaria.

Síntomas de la fibromialgia

La fibromialgia es mucho más que dolor muscular. Es un síndrome multisistémico, con síntomas que pueden variar mucho de una persona a otra y también fluctuar a lo largo del tiempo.

Dolor musculoesquelético generalizado

El síntoma principal es el dolor crónico generalizado. Puede afectar ambos lados del cuerpo, por encima y por debajo de la cintura, y también la columna cervical, dorsal o lumbar.

El dolor suele describirse como profundo, quemante, pulsátil o acompañado de rigidez. Puede empeorar con el estrés, la falta de sueño, el sobreesfuerzo, los cambios climáticos o los periodos de inactividad.

Hiperalgesia y alodinia

  • Hiperalgesia: respuesta dolorosa exagerada ante estímulos que ya son dolorosos.
  • Alodinia: dolor provocado por estímulos que normalmente no deberían doler, como el roce de la ropa, un abrazo, las sábanas o cambios leves de temperatura.

Fatiga debilitante

La fatiga suele ser intensa, persistente y desproporcionada al esfuerzo realizado. En algunos pacientes puede ser incluso más limitante que el dolor.

No siempre mejora con el reposo y puede dificultar actividades cotidianas como trabajar, caminar, realizar tareas domésticas o mantener una vida social activa.

Sueño no reparador

Muchas personas con fibromialgia tienen dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes o sueño ligero. Aunque duerman varias horas, pueden levantarse con sensación de cansancio.

La alteración del sueño perpetúa el dolor, la fatiga, la irritabilidad y la dificultad para concentrarse.

Alteraciones cognitivas o “niebla mental”

La llamada “fibro niebla” puede producir dificultad para concentrarse, olvidos frecuentes, lentitud mental, dificultad para encontrar palabras o problemas de organización.

Niebla mental y dificultad de concentración en la fibromialgia
La fibromialgia puede acompañarse de dificultad de concentración, memoria y procesamiento mental.

Síntomas asociados frecuentes

  • Hormigueos o sensación de adormecimiento, sobre todo en manos y pies.
  • Mareo, inestabilidad o intolerancia al estar de pie.
  • Hipersensibilidad a luces, ruidos, olores o ambientes cargados.
  • Cefaleas, migraña o dolor temporomandibular.
  • Síntomas compatibles con intestino irritable.
  • Síndrome de piernas inquietas.
  • Ansiedad, bajo estado de ánimo o irritabilidad.
  • Sensación de hinchazón sin inflamación objetiva.

Comorbilidades habituales

  • Síndrome de fatiga crónica o encefalomielitis miálgica.
  • Síndrome de dolor miofascial.
  • Síndrome de dolor regional complejo.
  • Endometriosis, vulvodinia o cistitis intersticial.
  • Síndrome de intestino irritable.
  • Migraña.
  • Enfermedades reumáticas inflamatorias, como artritis reumatoide, lupus o espondiloartritis, en las que la fibromialgia puede coexistir.

Criterios diagnósticos de la fibromialgia

La clasificación y diagnóstico de la fibromialgia han evolucionado con el tiempo. Los criterios del American College of Rheumatology han pasado de centrarse en los puntos dolorosos a valorar de forma más global el dolor generalizado, la fatiga, el sueño, la cognición y otros síntomas.

Criterios ACR 1990

Los criterios de 1990 fueron los primeros criterios formales de clasificación. Aunque hoy no se utilizan como única referencia, fueron importantes para definir inicialmente el síndrome.

  • Dolor generalizado crónico: presente durante al menos 3 meses, afectando ambos lados del cuerpo, por encima y por debajo de la cintura.
  • Puntos dolorosos: dolor a la palpación en al menos 11 de los 18 puntos sensibles clásicos.

Su principal limitación era la subjetividad en la exploración de los puntos dolorosos y la escasa consideración de otros síntomas relevantes, como la fatiga o el sueño no reparador.

Criterios ACR 2010 y revisión de 2011

En 2010 se introdujeron criterios que eliminaban la necesidad de explorar puntos dolorosos y daban más importancia a la clínica global.

  • Índice de dolor generalizado o WPI: puntúa de 0 a 19 según las áreas dolorosas durante la última semana.
  • Escala de severidad de síntomas o SS: puntúa de 0 a 12 valorando fatiga, sueño no reparador, síntomas cognitivos y síntomas somáticos.
  • Combinaciones diagnósticas: WPI ≥ 7 y SS ≥ 5, o bien WPI entre 3 y 6 con SS ≥ 9.
  • Duración: síntomas presentes durante al menos 3 meses.
  • Valoración clínica: los síntomas no deben explicarse mejor por otro trastorno.

Criterios ACR 2016

La revisión de 2016 simplificó y reforzó los criterios previos. Introdujo una definición más precisa del dolor generalizado y permitió el diagnóstico aunque existan otras enfermedades asociadas.

  • Dolor generalizado: dolor en al menos 4 de 5 regiones corporales.
  • WPI y SS: se mantienen como herramientas principales de valoración.
  • Comorbilidades: el diagnóstico puede realizarse aunque existan otras enfermedades reumatológicas, neurológicas o metabólicas.

Estos criterios ayudan a estandarizar el diagnóstico, pero no sustituyen a una valoración clínica completa. El diagnóstico debe integrar los síntomas, la exploración, la evolución temporal, el impacto funcional y la exclusión razonable de otras causas.

Valor clínico de los puntos dolorosos

¿Siguen siendo útiles?

Los puntos dolorosos o tender points fueron una parte central de los criterios ACR de 1990. Durante años se utilizaron como herramienta estándar, pero actualmente han perdido peso diagnóstico.

Esto se debe a que su exploración requiere una presión estandarizada, puede variar entre profesionales y no recoge síntomas fundamentales como la fatiga, el sueño no reparador, la niebla mental o las comorbilidades.

Hoy pueden servir como apoyo exploratorio, pero no son imprescindibles ni suficientes para diagnosticar fibromialgia.

Los 18 puntos clásicos

Los criterios ACR 1990 describían 18 puntos dolorosos distribuidos de forma simétrica en 9 pares corporales. Se consideraban positivos si el paciente refería dolor ante una presión firme.

  • Occipucio: inserción de los músculos suboccipitales.
  • Cervical bajo: región anterior de las apófisis transversas de C5-C7.
  • Trapecio: punto medio del borde superior.
  • Supraespinoso: zona superior a la espina de la escápula.
  • Segunda costilla: unión condrocostal próxima al esternón.
  • Epicóndilo lateral: unos 2 cm distal al epicóndilo lateral del codo.
  • Glúteo: cuadrante superoexterno de la nalga.
  • Trocánter mayor: región posterior al trocánter.
  • Rodilla: zona medial próxima al cóndilo femoral.
Puntos dolorosos clásicos de la fibromialgia
Puntos dolorosos clásicos descritos en los criterios antiguos de fibromialgia.
Distribución corporal de los puntos dolorosos en la fibromialgia
Los puntos dolorosos pueden apoyar la exploración, pero ya no son obligatorios para el diagnóstico.

Clasificación clínica de la fibromialgia

La fibromialgia puede clasificarse de distintas formas según la asociación con otras enfermedades, la distribución del dolor, la intensidad de los síntomas o la respuesta al tratamiento.

  • Fibromialgia primaria: no se asocia a otra enfermedad reumática u orgánica conocida. Es la forma más habitual.
  • Fibromialgia secundaria: aparece junto a enfermedades como artritis reumatoide, lupus, síndrome de Sjögren u otras patologías crónicas.
  • Fibromialgia localizada: comienza con dolor predominante en una región, aunque puede evolucionar hacia una forma generalizada.
  • Fibromialgia refractaria: presenta mala respuesta al tratamiento convencional y requiere abordajes más individualizados.
  • Fibromialgia asociada a ansiedad, depresión o somatización: los síntomas físicos se acompañan de alteraciones emocionales relevantes.

Esta clasificación no es rígida ni excluyente, pero ayuda a orientar el tratamiento y a comprender mejor el perfil clínico de cada paciente.

Causas y factores contribuyentes

La causa exacta de la fibromialgia no está completamente aclarada. Se considera un síndrome multifactorial en el que interactúan predisposición genética, alteraciones del sistema nervioso, trastornos del sueño, estrés, factores hormonales, inmunológicos y ambientales.

Factores genéticos y epigenéticos

  • Mayor frecuencia en familiares de primer grado.
  • Posible relación con genes implicados en serotonina, dopamina, catecolaminas, glutamato y vías del dolor.
  • El estrés, infecciones o traumatismos pueden modificar la expresión de determinados sistemas biológicos sin alterar el ADN.

Factores neuroendocrinos

  • Alteraciones del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal.
  • Respuesta anómala al estrés mantenido.
  • Alteraciones en sistemas relacionados con serotonina, dopamina, noradrenalina, hormona de crecimiento, IGF-1 y melatonina.

Factores inmunológicos e inflamatorios

  • Posible neuroinflamación de bajo grado.
  • Activación de células gliales en el sistema nervioso central.
  • Participación de citocinas y mediadores inflamatorios en algunos pacientes.

Factores desencadenantes

  • Infecciones víricas o bacterianas.
  • Traumatismos físicos, accidentes, cirugías o lesiones cervicales.
  • Estrés psicológico intenso o mantenido.
  • Periodos prolongados de inactividad, dolor o alteración del sueño.

Factores perpetuantes

  • Estrés crónico.
  • Ansiedad o depresión asociada.
  • Sueño no reparador.
  • Desacondicionamiento físico.
  • Miedo al movimiento y reducción progresiva de la actividad.
  • Factores laborales, familiares o sociales que dificultan la recuperación funcional.

Sensibilización central y mecanismos del dolor

La sensibilización central es uno de los mecanismos más importantes en la fibromialgia. Consiste en una amplificación del procesamiento del dolor en el sistema nervioso central.

Alteración del procesamiento del dolor

  • Sensibilización periférica: puede aparecer tras inflamación, traumatismos o irritación persistente de fibras nerviosas.
  • Sensibilización central: implica hiperexcitabilidad de neuronas medulares y cerebrales relacionadas con el dolor.
  • Wind-up: aumento progresivo de la respuesta dolorosa ante estímulos repetidos.

Alteraciones neuroquímicas

  • Aumento de sustancias facilitadoras del dolor, como glutamato, sustancia P, CGRP o NGF.
  • Disminución relativa de sistemas inhibidores, como serotonina, noradrenalina, GABA y opioides endógenos.

Vías descendentes alteradas

En condiciones normales, el sistema nervioso dispone de mecanismos que modulan o inhiben el dolor. En la fibromialgia estos sistemas pueden funcionar de forma insuficiente, mientras que las vías facilitadoras permanecen hiperactivas.

Disautonomía

  • Predominio simpático en reposo.
  • Respuesta exagerada ante el estrés.
  • Baja variabilidad de la frecuencia cardíaca.
  • Intolerancia ortostática, palpitaciones o sensación de mareo en algunos pacientes.

Alteraciones del sueño

El sueño fragmentado y la reducción del sueño profundo pueden perpetuar el dolor y la fatiga. Por eso, mejorar el descanso es una parte esencial del tratamiento.

Diagnóstico diferencial

El diagnóstico de la fibromialgia es clínico. Se basa en la historia del paciente, el patrón de dolor, la presencia de síntomas asociados y la valoración de otras enfermedades que puedan producir síntomas similares.

Característica Fibromialgia Síndrome miofascial Sobrecarga muscular Dolor musculoesquelético
Tipo de dolor Difuso y generalizado Local o regional con irradiación Localizado Variable
Origen Sensibilización central Puntos gatillo Sobreesfuerzo Múltiples causas
Dolor referido No típico Muy frecuente Raro Variable
Fatiga Muy frecuente Ocasional Leve Variable
Sueño no reparador Frecuente Poco habitual No suele ser un síntoma principal Variable
Relación con actividad No siempre clara Puede empeorar con uso o postura mantenida Tras esfuerzo o sobrecarga concreta Frecuente en dolor mecánico
Tratamiento Ejercicio global y abordaje multidisciplinar Fisioterapia y tratamiento de puntos gatillo Reposo relativo y progresión de carga Según la causa

¿Cuándo sospechar cada uno?

  • Fibromialgia: dolor generalizado, fatiga, sueño no reparador y síntomas cognitivos.
  • Síndrome miofascial: dolor localizado o regional con puntos gatillo y dolor referido.
  • Sobrecarga muscular: dolor tras esfuerzo, actividad repetitiva o postura mantenida.
  • Dolor musculoesquelético: término general que engloba múltiples causas musculares, articulares, tendinosas, óseas o nerviosas.

Trastornos reumatológicos

  • Artritis reumatoide: inflamación articular objetiva, rigidez matutina prolongada, alteraciones analíticas y radiológicas.
  • Lupus eritematoso sistémico: síntomas sistémicos, lesiones cutáneas, fotosensibilidad, afectación renal o anticuerpos específicos.
  • Espondiloartritis: dolor axial inflamatorio, sacroilitis, entesitis o HLA-B27 positivo.
  • Polimialgia reumática: dolor y rigidez en cintura escapular o pélvica en mayores de 50 años, con marcadores inflamatorios elevados.

Trastornos neurológicos

  • Esclerosis múltiple: déficits neurológicos focales y lesiones en resonancia magnética.
  • Miopatías inflamatorias: debilidad muscular proximal, elevación de CPK y alteraciones en electromiografía o biopsia.
  • Neuropatía de fibras pequeñas: dolor ardoroso, disestesias y pruebas específicas alteradas.

Trastornos endocrinos y metabólicos

  • Hipotiroidismo: fatiga, aumento de peso, intolerancia al frío y alteración de TSH.
  • Hiperparatiroidismo: dolor óseo, debilidad, cálculos renales e hipercalcemia.
  • Déficit de vitamina D: mialgias difusas, debilidad o dolor óseo.

Trastornos del sueño y otras condiciones

  • Apnea del sueño: ronquidos, pausas respiratorias, somnolencia diurna y sueño no reparador.
  • Síndrome de fatiga crónica: fatiga persistente incapacitante, empeoramiento tras esfuerzo y disfunción cognitiva.
  • Síndrome de intestino irritable: dolor abdominal y alteración del ritmo intestinal, frecuente como comorbilidad.

La fibromialgia puede coexistir con muchas de estas enfermedades. Por tanto, el objetivo no es solo “descartar todo”, sino identificar qué parte de los síntomas corresponde a fibromialgia y qué parte puede explicarse por otros procesos tratables.

Tratamiento de la fibromialgia

El tratamiento debe ser integral, progresivo e individualizado. No existe una cura única, pero sí estrategias eficaces para reducir síntomas, mejorar la función y aumentar la calidad de vida.

Educación y autogestión

  • Explicar que la fibromialgia es un trastorno real del procesamiento del dolor.
  • Evitar interpretar el dolor como daño tisular progresivo.
  • Identificar desencadenantes: estrés, falta de sueño, sobreesfuerzo, inactividad o cambios de rutina.
  • Establecer expectativas realistas: mejorar función, reducir síntomas y ganar control progresivo.

Ejercicio físico

El ejercicio graduado es uno de los pilares con mayor utilidad clínica. Debe empezar de forma muy suave y aumentar lentamente para evitar brotes por sobrecarga.

  • Ejercicio aeróbico de bajo impacto: caminar, bicicleta estática, natación o ejercicios en agua.
  • Fortalecimiento con cargas ligeras o bandas elásticas.
  • Estiramientos suaves, movilidad articular, yoga, tai chi o ejercicios respiratorios.

Terapias psicológicas y manejo del estrés

La terapia cognitivo-conductual, la terapia de aceptación y compromiso, el mindfulness, la relajación muscular o la respiración diafragmática pueden ayudar a manejar el dolor, el estrés, el miedo al movimiento y la ansiedad asociada.

Higiene del sueño

  • Mantener horarios regulares.
  • Evitar pantallas, cafeína y alcohol antes de dormir.
  • Crear un ambiente oscuro, fresco y silencioso.
  • Evitar siestas largas durante el día.

Tratamiento farmacológico

Los fármacos pueden ser útiles como apoyo, especialmente cuando predominan dolor, insomnio, ansiedad o bajo estado de ánimo. No deben ser el único tratamiento.

  • Antidepresivos moduladores del dolor: duloxetina, milnaciprán o amitriptilina en casos seleccionados.
  • Anticonvulsivantes: pregabalina o gabapentina cuando existe componente neuropático o alteración importante del sueño.
  • Fármacos para el sueño: pueden considerarse si la higiene del sueño no es suficiente.
  • Evitar opioides: no se recomiendan de forma habitual en fibromialgia.
  • Corticoides y antiinflamatorios: no suelen ser útiles salvo que exista otra causa inflamatoria asociada.

Abordaje multidisciplinar

En muchos casos es útil la coordinación entre médico, fisioterapeuta, psicólogo, terapeuta ocupacional, nutricionista o unidades de dolor, según las necesidades del paciente.

Programa de ejercicio en fibromialgia

El ejercicio debe adaptarse al nivel de tolerancia de cada paciente. Es preferible empezar con poco volumen y mantener regularidad, antes que realizar sesiones intensas que provoquen empeoramiento.

Ejercicios de estiramiento

Ayudan a reducir rigidez, mejorar movilidad y disminuir tensión muscular.

  • Frecuencia: 5-7 días por semana.
  • Duración: 10-15 minutos por sesión.
  • Ejemplos: estiramiento cervical suave, hombros, espalda baja y musculatura posterior de las piernas.

Ejercicio aeróbico de bajo impacto

  • Frecuencia: 3-5 días por semana.
  • Duración: comenzar con 10-15 minutos y progresar hacia 20-30 minutos.
  • Ejemplos: caminar, bicicleta estática, natación, ejercicios en agua o baile suave.

Fortalecimiento muscular

  • Frecuencia: 2-3 días por semana, evitando días consecutivos al inicio.
  • Duración: 15-20 minutos por sesión.
  • Ejemplos: sentadillas suaves con apoyo, puente de glúteos, elevaciones de piernas y flexiones contra la pared.

Relajación y control del estrés

  • Respiración diafragmática.
  • Relajación muscular progresiva.
  • Yoga suave, tai chi o meditación guiada.
  • Rutinas breves diarias de 10-20 minutos.

Ejercicios en agua

El agua tibia puede facilitar el movimiento, reducir la carga articular y disminuir la percepción de dolor.

  • Frecuencia: 2-3 días por semana.
  • Duración: 20-30 minutos.
  • Ejemplos: caminar en piscina, movimientos suaves de brazos y piernas o flotación relajante.

Recomendaciones generales

  • Comenzar lentamente y aumentar la carga de forma gradual.
  • No perseguir el dolor: el ejercicio debe ser tolerable.
  • Calentar antes y terminar con estiramientos suaves.
  • Mantener constancia, aunque las sesiones sean cortas.
  • Adaptar el programa con ayuda profesional si hay brotes intensos o comorbilidades.
Fatiga y agotamiento en la fibromialgia
La fatiga es uno de los síntomas más limitantes de la fibromialgia y debe tenerse en cuenta al pautar ejercicio.

Conclusión

La fibromialgia es un síndrome complejo de sensibilización central, en el que el dolor crónico generalizado se acompaña con frecuencia de fatiga, sueño no reparador, alteraciones cognitivas y síntomas multisistémicos.

Su diagnóstico es clínico y requiere valorar el conjunto de síntomas, el impacto funcional y las posibles enfermedades asociadas. Los puntos dolorosos clásicos pueden ayudar en la exploración, pero ya no son imprescindibles para el diagnóstico.

El tratamiento más eficaz combina educación, ejercicio graduado, mejora del sueño, manejo del estrés, apoyo psicológico cuando es necesario y fármacos seleccionados según los síntomas predominantes.