Neuropatía del nervio peroneo común
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Qué es la neuropatía del nervio peroneo común
La neuropatía del nervio peroneo común, también llamado nervio fibular común o ciático poplíteo externo, es una lesión o compresión de este nervio periférico. Es una de las causas más frecuentes de pie caído, dificultad para levantar la punta del pie y alteraciones sensitivas en la cara lateral de la pierna y el dorso del pie.
El nervio peroneo común procede del nervio ciático. Rodea el cuello del peroné, una zona muy superficial y vulnerable, y después se divide en sus ramas principales: el nervio peroneo profundo y el nervio peroneo superficial.
La localización más habitual de compresión es alrededor de la cabeza o cuello del peroné, aunque también puede lesionarse en la fosa poplítea, por traumatismos de rodilla, cirugía, inmovilización, pérdida importante de peso o compresión mantenida al cruzar las piernas.
Anatomía del nervio peroneo común
El nervio peroneo común se origina como una de las dos ramas principales del nervio ciático, junto con el nervio tibial. Desciende por la parte posterior y lateral de la rodilla, cruza la fosa poplítea y rodea el cuello del peroné antes de entrar en el compartimento lateral y anterior de la pierna.
Tras rodear el cuello del peroné, se divide en dos ramas principales:
- Nervio peroneo profundo: inerva músculos que levantan el pie y los dedos, como el tibial anterior y extensores. Su afectación produce dificultad para la dorsiflexión y puede causar pie caído.
- Nervio peroneo superficial: inerva músculos eversores del pie y aporta sensibilidad al dorso del pie y cara lateral distal de la pierna.
Al pasar por el cuello del peroné, el nervio queda muy cerca de la piel y del hueso, con poca protección. Por eso es vulnerable a golpes, compresión externa, yesos, férulas, posturas mantenidas o cirugías de rodilla.
Causas y localizaciones de compresión
La neuropatía peronea común puede aparecer por compresión externa, traumatismo, estiramiento, cirugía, inmovilización, lesiones de rodilla o procesos expansivos locales. La localización de la lesión ayuda a distinguir si se afecta el tronco común o una de sus ramas.
Localizaciones habituales de lesión o compresión
- Fosa poplítea: el nervio puede lesionarse por traumatismos de rodilla, masas, quistes, cirugía o lesiones asociadas del nervio ciático.
- Cabeza y cuello del peroné: es el punto clásico de atrapamiento. El nervio es superficial y puede comprimirse por cruzar las piernas, apoyos prolongados, pérdida de peso, yesos, férulas, vendajes o traumatismos directos.
- Túnel peroneo proximal: al entrar bajo el músculo peroneo largo, el nervio puede quedar atrapado por bandas fasciales, fibrosis o hipertrofia muscular.
- División en ramas profunda y superficial: la lesión puede afectar de forma predominante a la dorsiflexión, la eversión o la sensibilidad según la rama comprometida.
- Compartimento anterior o lateral de la pierna: traumatismos, síndrome compartimental, fibrosis o lesiones musculares pueden afectar ramas distales.
Causas frecuentes
- Compresión por cruzar las piernas de forma repetida o prolongada.
- Apoyo mantenido sobre la cara lateral de la rodilla o el peroné.
- Yesos, férulas, vendajes o ortesis demasiado ajustados.
- Pérdida importante de peso, con menor protección grasa alrededor del nervio.
- Traumatismos directos sobre la cabeza del peroné.
- Fracturas de peroné proximal o luxaciones de rodilla.
- Cirugía de rodilla, artroplastia, osteotomías o reconstrucciones ligamentarias.
- Lesiones del ligamento lateral externo o del complejo posterolateral de la rodilla.
- Quistes ganglionares, tumores, hematomas o masas locales.
- Diabetes, neuropatías periféricas o susceptibilidad a neuropatías por presión.
- Posturas mantenidas durante anestesia, encamamiento o inmovilización prolongada.
La aparición súbita de pie caído tras traumatismo, cirugía, inmovilización o compresión externa debe considerarse una posible lesión del nervio peroneo común y requiere valoración temprana.
Síntomas y clínica
Los síntomas dependen del grado de lesión y de si se afecta el tronco común o una de sus ramas. El dato más característico de una lesión significativa es la dificultad para levantar la punta del pie.
- Pie caído: dificultad para dorsiflexionar el tobillo y levantar la punta del pie.
- Marcha en steppage, elevando más la rodilla para no arrastrar el pie.
- Debilidad para extender los dedos.
- Debilidad para evertir el pie si se afecta la rama superficial o el tronco común.
- Hormigueo, adormecimiento o pérdida de sensibilidad en la cara lateral de la pierna.
- Alteración sensitiva en el dorso del pie.
- Dolor o sensibilidad en la región de la cabeza del peroné.
- Empeoramiento con presión local, posturas mantenidas o determinados movimientos.
Si la inversión del pie también está claramente débil, conviene descartar radiculopatía L5 o lesión más proximal del nervio ciático, ya que el tibial posterior no depende del nervio peroneo común.
Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la historia clínica, la exploración neurológica y la localización de la debilidad y de las alteraciones sensitivas. Es fundamental diferenciar una neuropatía peronea común de una radiculopatía L5, una lesión del nervio ciático o una plexopatía.
Exploración física
- Valoración de la dorsiflexión del tobillo.
- Valoración de la extensión de los dedos.
- Valoración de la eversión del pie.
- Comprobación de la inversión del pie para diferenciar de radiculopatía L5.
- Exploración de la sensibilidad en cara lateral de pierna y dorso del pie.
- Palpación y percusión sobre la cabeza y cuello del peroné.
- Búsqueda de signo de Tinel sobre el trayecto del nervio.
- Valoración de la marcha y del posible pie caído.
- Exploración lumbar, ciática y de rodilla para descartar lesiones asociadas.
La combinación de pie caído, debilidad de eversión y alteración sensitiva en dorso del pie orienta hacia lesión peronea. La exploración de la inversión del pie y de otros músculos dependientes de L5 ayuda a localizar mejor la lesión.
Pruebas complementarias
Las pruebas complementarias ayudan a confirmar la lesión, localizar el nivel de afectación y valorar si existe compresión estructural que precise tratamiento específico.
- Electromiografía y estudios de conducción: son fundamentales para localizar la lesión, valorar severidad, diferenciar lesión peronea de radiculopatía L5 y estimar pronóstico.
- Ecografía musculoesquelética: permite valorar el nervio alrededor de la cabeza del peroné, identificar engrosamiento, quistes, masas o compresiones locales.
- Resonancia magnética de rodilla o pierna proximal: útil si se sospechan masas, quistes ganglionares, lesiones del complejo posterolateral o causas estructurales.
- Resonancia magnética lumbar: indicada si se sospecha radiculopatía L5 o patología lumbar.
- Radiografías: útiles ante traumatismo, fractura de peroné proximal, luxación de rodilla o alteraciones óseas.
- TC: puede ser útil en fracturas complejas o lesiones óseas no bien definidas.
- Analítica: se plantea si se sospecha diabetes, neuropatía sistémica o proceso inflamatorio.
Si hay un pie caído agudo tras traumatismo o cirugía, la valoración debe ser temprana. La electromiografía puede requerir cierto tiempo para mostrar signos de denervación, pero los estudios de conducción pueden aportar información inicial.
Diagnóstico diferencial
No todo pie caído procede del nervio peroneo común. El diagnóstico diferencial debe considerar lesiones proximales, radiculares, musculares y centrales.
- Radiculopatía lumbar L5.
- Lesión del nervio ciático.
- Plexopatía lumbosacra.
- Neuropatía peronea profunda aislada.
- Neuropatía peronea superficial aislada.
- Síndrome compartimental anterior de la pierna.
- Lesión muscular del tibial anterior o extensores.
- Accidente cerebrovascular u otras causas neurológicas centrales.
- Enfermedades neuromusculares.
- Neuropatía periférica diabética o sistémica.
En la radiculopatía L5 suele haber dolor lumbar o irradiado, y puede afectarse también la inversión del pie. En la neuropatía peronea común típica, la lesión se localiza alrededor del cuello del peroné y respeta músculos no dependientes del nervio peroneo.
Tratamiento conservador
El tratamiento depende de la causa, el grado de déficit y el tiempo de evolución. Muchas neuropatías por compresión externa mejoran al retirar la causa, proteger el nervio y realizar rehabilitación.
Medidas iniciales
- Evitar cruzar las piernas o comprimir la cabeza del peroné.
- Retirar o ajustar yesos, férulas, vendajes u ortesis que compriman.
- Proteger la zona lateral de la rodilla durante el descanso o encamamiento.
- Control del dolor y síntomas neuropáticos si están presentes.
- Tratamiento de diabetes u otras causas sistémicas.
- Uso de ortesis antiequino si existe pie caído.
- Prevención de caídas por tropiezos o arrastre del pie.
Situaciones que requieren tratamiento específico
- Quistes ganglionares o masas que comprimen el nervio.
- Fracturas de peroné proximal o luxaciones de rodilla.
- Lesiones del complejo posterolateral con inestabilidad.
- Compresión mantenida por material ortopédico.
- Déficit motor progresivo o severo.
En lesiones leves por compresión, la recuperación puede ser progresiva tras eliminar la presión. Si hay déficit motor importante, es recomendable un seguimiento estrecho para valorar recuperación o necesidad de descompresión.
Rehabilitación
La rehabilitación busca mantener movilidad, evitar retracciones, recuperar fuerza y mejorar la seguridad al caminar. Debe adaptarse al grado de denervación y a la recuperación neurológica.
Objetivos de la rehabilitación
- Evitar rigidez de tobillo y dedos.
- Prevenir equino por acortamiento del tríceps sural.
- Mejorar la dorsiflexión si existe recuperación muscular.
- Fortalecer eversores y estabilizadores del pie.
- Reeducar la marcha y reducir riesgo de caídas.
- Proteger la piel y evitar lesiones por arrastre del pie.
Progresión funcional
- Movilidad pasiva y activa-asistida de tobillo y dedos.
- Estiramientos suaves de gemelos y sóleo para evitar equino.
- Activación de tibial anterior y extensores si existe contracción voluntaria.
- Trabajo progresivo de eversores del pie.
- Ejercicios de equilibrio y propiocepción según recuperación.
- Reeducación de marcha con ortesis antiequino si es necesaria.
- Readaptación laboral o deportiva cuando la fuerza y el control lo permitan.
La ortesis antiequino o AFO puede ser muy útil mientras se recupera la dorsiflexión, porque evita tropiezos, mejora la marcha y reduce el riesgo de caídas.
Tratamiento quirúrgico
La cirugía puede plantearse cuando existe una compresión estructural clara, una masa, un quiste, una lesión traumática o un déficit motor importante que no mejora con tratamiento conservador.
Las opciones incluyen descompresión del nervio en la región del cuello del peroné, extirpación de quistes o masas, reparación de lesiones asociadas y, en casos crónicos con déficit persistente, procedimientos reconstructivos o transferencias tendinosas.
La indicación debe individualizarse según la causa, el tiempo de evolución, la gravedad del pie caído y los hallazgos de electromiografía e imagen.
Pronóstico y evolución
El pronóstico depende de la causa y de la severidad de la lesión. Las neuropatías por compresión leve suelen mejorar tras retirar la presión, aunque la recuperación puede tardar semanas o meses.
Las lesiones axonales severas, traumáticas o asociadas a luxación de rodilla tienen peor pronóstico y pueden dejar debilidad residual. La recuperación nerviosa es lenta, por lo que el seguimiento clínico y electromiográfico puede ser necesario.
La recuperación de la dorsiflexión, la disminución del dolor neuropático y la mejora progresiva de la marcha son signos favorables.
Conclusión
La neuropatía del nervio peroneo común es una causa frecuente de pie caído y alteraciones sensitivas en la cara lateral de la pierna y dorso del pie. La zona más vulnerable es el cuello del peroné, donde el nervio es superficial y susceptible a compresión externa.
El diagnóstico requiere explorar la dorsiflexión, la eversión, la sensibilidad y la marcha, además de descartar radiculopatía L5 o lesión ciática. El tratamiento depende de la causa e incluye retirada de la compresión, ortesis si hay pie caído, rehabilitación y, en casos seleccionados, descompresión quirúrgica.