Lesiones de los meniscos
Índice de contenidos
Introducción
Las lesiones meniscales son algunos de los trastornos de la rodilla más frecuentes encontrados por el cirujano ortopédico. Nuestro conocimiento y comprensión del menisco ha evolucionado significativamente en las últimas décadas. Durante mucho tiempo se consideró una estructura vestigial sin función relevante, casi como un simple remanente embriológico, y esa visión fue la base para practicar meniscectomías totales.
Los avances en el conocimiento de la anatomía y función del menisco, junto con el desarrollo de la cirugía artroscópica, han llevado al tratamiento meniscal contemporáneo. La filosofía quirúrgica ha evolucionado desde la escisión de rutina hacia la preservación e incluso la restauración. Un conocimiento básico y ampliado de la anatomía del menisco, de su biomecánica y de su función es crucial para entender su patología y su tratamiento.
Morfología y función de los meniscos
Los meniscos son estructuras fibrocartilaginosas colocadas a un lado y a otro de la espina de la tibia, menisco medial y menisco lateral, y ocupan el espacio de la articulación entre el fémur y la tibia. Son triangulares en sección, a modo de cuñas interpuestas en la articulación.
El menisco representa tejido fibrocartilaginoso compuesto de colágeno y células que pueden ser fibroblastos o condrocitos. Tiene aproximadamente un 75% de agua. La matriz orgánica se compone en gran medida de colágeno, con predominio del colágeno tipo I. Las fibras de colágeno están orientadas de una manera característica. Las fibras más superficiales están orientadas radialmente. La mayor parte de las fibras, sin embargo, se encuentran en la capa profunda y están dispuestas en una orientación circunferencial, siguiendo la periferia. Las fibras radiales se entretejen entre las fibras circunferenciales y ayudan a proporcionar integridad estructural. Esta disposición les permite resistir las tensiones circunferenciales que se producen en el menisco durante la carga de peso.
En sección transversal, los meniscos son triangulares, siendo más gruesos en la periferia y estrechándose hacia el centro en un borde libre delgado. Las superficies superiores son cóncavas para acomodar la convexidad de los cóndilos femorales.
En la cara superior de la tibia hay una eminencia con dos puntas, denominada eminencia intercondílea o espina de la tibia. A ambos lados de ella se encuentran los dos meniscos.
El menisco medial es semilunar en forma y es más ancho y delgado por detrás que por delante. El cuerno posterior es más grueso y más amplio, con un promedio de aproximadamente 10,6 mm. El cuerno anterior se inserta por delante en la porción anterior de la espina tibial, concretamente por delante de la inserción del ligamento cruzado anterior en la base de la espina de la tibia. El cuerno posterior está unido a la eminencia intercondílea, con una prolongación adicional que se fija al ligamento cruzado posterior. La circunferencia periférica está firmemente unida a la cápsula por los ligamentos coronarios. El menisco medial también está firmemente unido al ligamento oblicuo posterior. El menisco medial cubre aproximadamente el 64% de la meseta tibial medial.
El menisco medial, o interno, está íntimamente adherido a la porción profunda del ligamento colateral medial, mientras que el menisco lateral está más laxo con respecto al ligamento, ya que este se va a insertar en la cabeza del peroné.
El menisco lateral cubre aproximadamente el 84% de la meseta tibial lateral. Es más circular que el menisco medial y es también más uniforme en anchura, con un promedio de 12 a 13 mm. Los cuernos anterior y posterior del menisco lateral también se unen a la eminencia intercondílea, pero con mayor proximidad al ligamento cruzado anterior que el menisco medial. Existen además los ligamentos meniscofemorales anterior y posterior, que salen de la porción posterior del menisco y van uno por delante y otro por detrás del ligamento cruzado posterior. Son los denominados ligamento de Humphrey, por delante del ligamento cruzado posterior, y ligamento de Wrisberg, por detrás del ligamento cruzado posterior. La fijación periférica del menisco lateral a la cápsula es más delgada y flexible que en el lado medial. Además, no hay unión en la región del hiato poplíteo y tampoco existe unión del menisco lateral al ligamento colateral lateral, por lo que el menisco lateral tiene mayor libertad de movimientos.
Los ligamentos meniscofemorales se pueden encontrar en el 70% de las rodillas. Representan ligamentos accesorios que conectan el cuerno posterior del menisco lateral con el cóndilo femoral medial. El ligamento meniscofemoral posterior de Wrisberg discurre por detrás del ligamento cruzado posterior. El ligamento meniscofemoral anterior de Humphrey pasa por delante del ligamento cruzado posterior. Su tamaño varía considerablemente, pero de media representa aproximadamente el 20% del tamaño del ligamento cruzado posterior.
El borde de implantación del menisco se continúa con la cápsula articular, recibiendo el nombre de paramenisco. Presenta una zona central avascular y una periférica que recibe vascularización de los vasos provenientes de la cápsula. Se ha demostrado que solo el 10% al 30% periférico del menisco está vascularizado, de modo que una desinserción a este nivel puede cicatrizar gracias al paramenisco que le aporta vasos, y además será dolorosa gracias a las fibras nerviosas amielínicas de la sinovial. El margen libre interior del menisco es avascular y se nutre del líquido sinovial a través de la difusión.
Biomecánica y función
Los meniscos proporcionan varios elementos integrales para la función de la rodilla. Entre ellos se encuentran:
- Transmisión de carga.
- Aumento de la superficie articular para permitir la absorción de impactos.
- Congruencia articular entre tibia y fémur.
- Lubricación y nutrición articulares.
- Estabilidad, al colaborar en el control de los movimientos articulares.
Los meniscos actúan como una zona de transición estructural entre los cóndilos femorales y la meseta tibial. Como tal, aumentan la congruencia entre los cóndilos y la meseta. Los meniscos transmiten aproximadamente el 50% de la carga de compresión a través de un rango de movimiento de 0 a 90 grados. El área de contacto se incrementa, protegiendo el cartílago articular de las altas concentraciones de estrés. La orientación circunferencial de las fibras de colágeno dentro del menisco es especialmente adecuada para esta capacidad.
A medida que se aplica la carga, los meniscos tienden a extruirse entre las superficies articulares del fémur y la tibia. Con el fin de resistir esta tendencia, se desarrolla una tensión circunferencial a lo largo de las fibras de colágeno del menisco. La continuidad circunferencial del anillo periférico del menisco es parte integral de la función meniscal. La meniscectomía parcial, o la rotura en asa de cubo, pueden seguir cumpliendo en cierta medida la función del menisco siempre que el borde periférico permanezca intacto. Por el contrario, si un desgarro radial se extiende a la periferia e interrumpe la continuidad del menisco, las propiedades de transmisión de carga del menisco se pierden.
El área de contacto entre fémur y tibia disminuye hasta un 75% después de una meniscectomía total. Esta disminución resulta en un aumento muy importante de las tensiones de contacto, con la consiguiente pérdida de función meniscal y aumento de los cambios degenerativos. Por el contrario, la meniscectomía parcial provoca una disminución menor del área de contacto y un aumento más limitado de la tensión de contacto.
La estabilidad de la articulación también se ve afectada por los meniscos. El menisco medial es un estabilizador secundario del desplazamiento anterior. Esto es particularmente importante en las deficiencias del ligamento cruzado anterior, donde se ha demostrado un aumento del desplazamiento anterior después de la meniscectomía total. En consecuencia, el menisco medial es especialmente vulnerable a lesionarse en una rodilla deficiente del ligamento cruzado anterior, ya que intenta limitar dicho desplazamiento. También se ha demostrado que los meniscos contribuyen a la estabilidad en varo y valgo, así como a la estabilidad de rotación interna y externa.
El movimiento meniscal se ha estudiado mediante resonancia magnética tridimensional y resonancia magnética cinemática.
La clínica de la rotura del menisco medial suele ser más expresiva que la del menisco lateral. Esto se debe a que los últimos grados de la extensión van acompañados de una rotación externa, el llamado autoatornillamiento de la rodilla. Como el cóndilo femoral medial es más largo que el lateral, cuando el lateral ha terminado de rotar en la extensión el medial continúa haciéndolo, provocando esa rotación externa. El movimiento de flexoextensión discurre más en la vertiente medial que en la lateral, y de ahí que la patología del menisco medial sea clínicamente más expresiva.
En la extensión y en la flexión los meniscos siguen a los cóndilos, de manera semejante a como la zapatilla sigue al pie. En la extensión, los meniscos se desplazan hacia delante. En la flexión, los meniscos se desplazan hacia atrás, impulsados por el ligamento arcuatum y el fascículo ligamentoso del músculo semimembranoso. La rotación se realiza entre la cara inferior del menisco y la cara superior de la tibia. Por ello, cuando este movimiento no puede realizarse, suele deberse a una lesión en la cara inferior del menisco.
El ligamento oblicuo posterior se une firmemente al menisco medial posterior, lo que limita su desplazamiento y rotación. Esto probablemente explica el aumento del riesgo de lesión en el menisco medial. Por el contrario, la mayor movilidad relativa del menisco lateral explica que las lesiones sean más frecuentes en el lado medial.
Lesiones meniscales
Lesiones del menisco medial
Hay que diferenciar varios contextos clínicos.
Lesiones meniscales en jóvenes: son propias de edades en las que el menisco conserva mejores características estructurales. Se trata de traumatismos sobre un menisco previamente sano.
Lesiones meniscales en sujetos de más edad: aparecen en meniscos con procesos degenerativos previos, con menor contenido hídrico, menos condrocitos y mayor proporción de fibras colágenas. Para romperse solo necesitan un traumatismo mínimo, con poca sintomatología inicial pero con molestias persistentes. Suele romperse la porción posterior de la cara inferior del menisco medial. Es una causa frecuente de dolor de rodilla, sobre todo en mujeres. Aunque muchos textos describen las lesiones meniscales del deportista como prototípicas, son más frecuentes las lesiones sobre meniscos degenerativos.
Lesiones meniscales en trabajadores con la rodilla flexionada de forma mantenida: en estas lesiones el menisco medial presenta microtraumas por la postura continua de flexión. La rotura ocurre al extender la rodilla sin rotación externa, con el pie fijo al suelo.
Mecanismo de producción de la rotura traumática
En meniscos previamente sanos: el principal mecanismo es la incoordinación entre la flexoextensión y la rotación. Por ejemplo, en un futbolista con la pierna fija al suelo, el menisco se encuentra atrás y pinzado. Si se extiende la pierna sin poder rotarla, el menisco no acompaña el movimiento y se produce una compresión, como una rotura vertical oblicua en el cuerno posterior del menisco medial, o una distracción, como la desinserción del menisco en su base con lesión del paramenisco.
Si se produce compresión, puede aparecer una rotura en asa de cubo. Esta se desplaza al centro de la articulación y puede producir un bloqueo de rodilla.
En meniscos previamente degenerados: la rotura suele ser horizontal, por cizallamiento. Puede ocurrir incluso al darse la vuelta en la cama: la rodilla no rota y el menisco se rompe. Comienza en el cuerno posterior del menisco medial y en su cara inferior, formando una lengüeta visible en la sección.
Lesiones del menisco lateral
El menisco lateral es más móvil, por lo que las lesiones de compresión son menos frecuentes. Sin embargo, pueden aparecer distensiones del paramenisco lateral, generando fibrosis o un quiste del paramenisco, que suele hacerse visible en extensión y disminuir en flexión.
La rotura del menisco lateral suele tener forma de pico de loro, con doble rotura y lengüeta intermedia.
Durante la flexoextensión, el fragmento superior sigue al fémur y el inferior a la tibia. La lengüeta se proyecta y genera esa imagen típica. Es una lesión clínicamente menos expresiva.
En jóvenes, por cada lesión lateral puede haber aproximadamente cinco mediales. En mayores, la proporción es todavía más favorable a la afectación medial.
Malformaciones congénitas del menisco
La más importante es el menisco discoideo, que cubre una mayor extensión de la meseta tibial. Afecta sobre todo al menisco lateral.
Puede ser completo o incompleto. Durante años se creyó que era una estructura infantil involutiva, pero posteriormente se demostró que el menisco fetal ya tiene la forma adulta y hoy se considera una malformación congénita. Su incidencia en artroscopias se ha descrito entre el 0,4% y el 5%.
- Niños de 6 o 7 años con crujido en la flexoextensión.
- Propensión a roturas transversales, horizontales o en pico de loro.
Clasificación de grados:
- Grado I o menisco primitivo: muy ancho, más alto medialmente y capaz de causar resaltes al moverse.
- Grado II o menisco infantil: afilado medialmente y con proliferación central.
- Grado III o menisco intermedio: morfología normal pero más ancho y grueso.
Clasificación de Watanabe:
- Completo.
- Incompleto.
- Tipo ligamento de Wrisberg.
El tipo Wrisberg no tiene ligamento coronario posterior y se une al ligamento meniscofemoral de Wrisberg.
Generalmente es asintomático. Los signos aparecen con la rotura. El síndrome de rodilla en resorte se asocia al tipo Wrisberg, por subluxación meniscal.
El tratamiento depende del tipo y de la presencia de rotura. Sin rotura, no se trata. Si la hay, se realiza meniscectomía parcial, o saucerización, para dejar un borde estable. En el tipo Wrisberg se prefería clásicamente la meniscectomía total, aunque hoy existen técnicas de reparación.
Quistes meniscales
Los quistes parameniscales son infrecuentes y suelen asociarse a roturas horizontales, aunque también pueden aparecer de forma aislada. Son más frecuentes en el lado lateral, aunque algunos estudios encuentran una incidencia similar en ambos lados.
Su etiología puede ser traumática o degenerativa. Se ha propuesto que el líquido sinovial entra por roturas microscópicas del menisco. Suelen ser multiloculares y estar revestidos por tejido sinovial.
En ausencia de desgarro, pueden formarse por compresión periférica sobre un menisco degenerado. Histológicamente pueden diferir de los asociados a rotura.
Clínicamente pueden presentarse con dolor y tumefacción en la línea articular. Aumentan con la extensión y disminuyen con la flexión.
La resonancia magnética es útil para confirmar el quiste y evaluar desgarros asociados.
El tratamiento suele ser artroscópico. Si hay desgarro, se realiza meniscectomía parcial y descompresión. Si no lo hay, puede hacerse cistectomía abierta con reparación periférica. En caso de pequeño desgarro no identificado, puede hacerse una meniscectomía limitada seguida de cistectomía abierta.
Clínica de las lesiones meniscales
A) Niños con menisco discoideo
Presentan:
- Crujido a la flexoextensión en ambas rodillas.
- Resalte del cóndilo femoral a la flexoextensión, aunque este signo no es patognomónico del menisco discoideo y también puede darse por laxitud ligamentosa o ligera subluxación patelofemoral.
- Otros cuadros que pueden simularlo, como exostosis en la cara inferomedial del fémur sobre la que pueden saltar los tendones de la pata de ganso.
Pueden presentar bloqueos debidos a que el cóndilo femoral resalte por completo por encima del menisco discoideo o bien a que se desplace el propio menisco discoideo. En el niño, la presencia de este contexto clínico obliga a pensar seriamente en esta malformación.
B) Personas atléticas jóvenes
La anamnesis suele ser muy clara. En los casos traumáticos, la lesión aparece con la rodilla en flexión, carga de peso y rotación posterior. Puede o no notarse un chasquido. La rodilla falla y el paciente debe abandonar la actividad, marchando cojeando. A las 24 horas no suele aparecer un gran hemartros, lo que ayuda a diferenciarla de otras lesiones como las ligamentarias importantes o las fracturas osteocondrales, donde el derrame hemático suele ser más precoz.
Según el tipo de lesión tendremos:
Si es una desinserción, puede notar una sensación de bloqueo, pero el menisco vuelve luego a su sitio y puede cicatrizar por sí mismo gracias al paramenisco.
Si la rotura es del cuerno posterior, puede no llegar a producir un bloqueo completo. Al cabo de unos días, el paciente vuelve a jugar o a trabajar, pero nota que la rodilla ya no es la misma.
Si la rotura progresa más, aparecerán los siguientes síntomas:
Dolor: se produce típicamente en la interlínea articular, a nivel del ligamento colateral medial o en su proximidad. Este dolor puede ser debido a la desinserción del paramenisco, a la tracción del mismo o a la formación de un pequeño hidrartros por irritación de la sinovial, que suele ser tardío, entre 24 y 48 horas después de la lesión. El dolor provoca una atrofia refleja del cuádriceps, aunque no siempre muy evidente.
Bloqueo: consiste en la imposibilidad brusca de extender la rodilla, quedando esta ligeramente flexionada. Se debe a que el cóndilo penetra en la brecha o a que una porción del menisco se desplaza medialmente en asa de cubo y queda atrapada. Tiene dos características: no es casual, sino ligado a un movimiento, y el paciente no suele poder resolvérselo por sí mismo.
Fallos: el llamado giving way, en el que al ir andando la rodilla falla, se flexiona y el paciente necesita ayudarse con las manos o con la otra pierna para no perder el equilibrio. Es una claudicación dolorosa de la rodilla que aparece tras un movimiento.
Crujidos: el paciente los refiere de manera específica, como fenómenos espontáneos y esporádicos, no continuos como en el menisco discoideo. Se deben al fugaz cabalgamiento del cóndilo sobre el área fisurada en las roturas longitudinales. Con la hiperflexión forzada seguida de extensión puede oírse un crujido con sensación de resalte, a veces doloroso.
C) Persona de mediana edad con rotura transversal degenerativa
Se caracteriza por:
- Un mecanismo de producción trivial, como levantarse de una silla, arrodillarse e intentar luego incorporarse, girarse para coger algo o incluso darse la vuelta en la cama.
- Dolores intermitentes en la rodilla, con frecuencia al subir escaleras por la flexión.
- Rodilla cansada y falta de fuerzas al final de la tarde.
- Dolor en la región posteromedial por lesión del cuerno posterior.
Exploración de las lesiones meniscales
Uno de los signos más importantes de las lesiones meniscales, sobre todo en atletas, es el bloqueo de la rodilla afecta. Cuando se debe a una rotura en asa de cubo, en la que el cóndilo femoral queda enganchado en la brecha meniscal, el bloqueo puede ser completo, de manera que no podremos flexionar ni extender pasivamente la rodilla. Cuando el bloqueo es incompleto, podremos flexionar la rodilla pero no extenderla completamente. Esto se debe a que, al estar roto el menisco, no se puede realizar bien la rotación externa necesaria para la hiperextensión.
Para valorar si esa hiperextensión es posible o no, puede recurrirse al signo de Helfet: en una rodilla sana, durante la flexión el pico de la rótula está en línea con la tuberosidad anterior de la tibia. Al realizar la extensión, como esta se acompaña de rotación externa, la tuberosidad anterior de la tibia se lateraliza respecto al pico de la rótula. Si hay un bloqueo incompleto y la rodilla no puede rotar externamente, el pico de la rótula y la tuberosidad anterior de la tibia siguen en línea.
Maniobras para provocar dolor
Palpación de la interlínea articular: con la rodilla en flexión suele doler, y al extender la rodilla aumenta el dolor porque el menisco se desplaza hacia delante y choca con el dedo del explorador.
También aumenta el dolor con la hiperflexión, ya que los meniscos se desplazan hacia detrás y quedan pellizcados entre el cóndilo y la tibia.
Al llevar la rodilla en varo o valgo aumentará el dolor en la parte medial o lateral. Es un signo menos valioso, pero puede ayudar a diferenciarlo de las lesiones ligamentosas: en estas aumenta el dolor por la distensión, mientras que en las lesiones meniscales aumenta por la compresión.
Maniobras para provocar dolor y/o crujidos
Signo de Founie para el menisco medial: se coloca la rodilla en flexión media y se lleva el pie en rotación interna, de tal forma que la tibia emigra hacia delante y el menisco se desplaza hacia detrás y hacia dentro. Al rotar ligeramente la rodilla pueden provocarse crujidos.
Signo de Founie para el menisco lateral: igual que el anterior, pero con el pie en rotación externa.
Signo de McMurray para el menisco medial: es el más importante. Se coloca la rodilla en hiperflexión y el talón mirando en la misma dirección del menisco, es decir, con rotación externa del pie. Al pasar de hiperflexión a flexión puede notarse un crujido acompañado de dolor. Si aparece pronto, la lesión estará en el cuerno posterior del menisco medial; si aparece más tarde, estará en la porción media. Esta maniobra pone especialmente de manifiesto las roturas transversales del menisco medial.
Signo de McMurray para el menisco lateral: el pie estará rotado internamente.
Signo de Apley: la prueba de Apley se realiza con el paciente en decúbito prono con la rodilla flexionada 90 grados. Se efectúa una rotación de la tibia sobre el fémur con tracción y después con compresión axial para reproducir el dolor en la interlínea articular.
El dolor con la tracción indica alteración de la cápsula y sus ligamentos, mientras que el dolor con presión y rotación interna sugiere lesión del menisco lateral y el dolor con presión y rotación externa lesión del menisco medial.
Signo del poplíteo o de Cabot: es útil para valorar lesiones del menisco lateral. El paciente se sitúa en decúbito supino, con la cadera en abducción y la rodilla en flexión, apoyando el pie sobre la rodilla opuesta, lo que provoca varo y rotación externa. El examinador palpa la interlínea articular lateral, inmediatamente delante del ligamento colateral lateral, mientras con la otra mano agarra el tercio inferior de la pierna. Se pide al paciente que extienda la rodilla contra resistencia.
El signo positivo consiste en la aparición de dolor agudo e incapacidad para completar el movimiento. Esto orienta a una lesión degenerativa del menisco lateral.
Se trata de un signo de gran valor diagnóstico que se basa en la existencia de una zona de menor resistencia mecánica en el tercio medio-posterior del menisco lateral, concretamente en el hiato u ojal de paso del tendón del músculo poplíteo, lo que predispone a degeneración quística local. La expresión clínica de este hecho se conoce también como síndrome del hiato poplíteo.
Signo de Steinmann I: el paciente está sentado en el borde de la mesa, con la rodilla colgando a 90 grados de flexión, o tumbado en decúbito supino con la rodilla sostenida en esa posición. La prueba se repite en varios grados de flexión. Se hacen rotaciones de la tibia medial y lateralmente.
Prueba positiva:
- Menisco lateral: dolor en la interlínea externa con la rotación interna.
- Menisco medial: dolor en la interlínea interna con la rotación externa.
Signo de Steinmann II: con el paciente acostado, se sujeta la rodilla con una mano y la pierna con la otra, realizando rotación interna y externa mientras se flexiona y extiende. Se valora si el dolor en la interlínea se desplaza hacia atrás con la flexión y hacia delante con la extensión.
En todos estos signos no se debe quitar el zapato al paciente, ya que sirve de brazo de palanca para la rotación interna y externa del pie. Si se quitase, el tobillo podría amortiguar la rotación.
Exploración por imágenes
La radiografía simple de rodilla tiene una utilidad limitada para valorar directamente el menisco, ya que los meniscos son estructuras radiotraslúcidas. Puede aportar datos indirectos o servir cuando existan calcificaciones meniscales, algo infrecuente.
La neumoartrografía consistía en inyectar aire dentro de la articulación para delimitar los contornos meniscales, las superficies óseas y los ligamentos cruzados. Aunque podía combinarse con contraste yodado, hoy ha quedado claramente superada. Entre sus inconvenientes estaban el riesgo de infección y su menor utilidad en determinadas roturas, aunque permitía mostrar algunos cambios típicos de los meniscos degenerativos.
La resonancia magnética ha superado con creces a la prueba anterior por su especificidad y sensibilidad. Permite visualizar con nitidez hueso, cartílago, ligamentos y meniscos, sin radiación. Los trastornos degenerativos y patológicos del menisco se demuestran mediante signos de intensidad anormal en el fibrocartílago, alteraciones de su configuración triangular o separación periférica de su cápsula.
Se ha descrito un sistema de graduación del I al III para estos signos anormales, correlacionado con cambios histológicos:
- Grado I: degeneración zonal pequeña.
- Grado II: degeneración difusa, mayor junto a la cápsula.
- Grado III: ruptura, con alteración de los lados del triángulo.
Las zonas de ruptura se ven mejor cuando están separadas y contienen líquido. Las roturas verticales suelen ser traumáticas y afectan más al menisco medial. Las horizontales son más propias de procesos degenerativos y, junto a los quistes meniscales, pueden afectar con frecuencia al menisco lateral. El quiste meniscal se visualiza especialmente bien en el plano coronal.
La artroscopia diagnóstica-quirúrgica es otra herramienta útil en casos de duda o cuando se plantea tratamiento simultáneo.
Tratamiento de las lesiones meniscales
Podemos encontrarnos ante tres situaciones distintas:
- Paciente que consulta con la rodilla bloqueada y no consigue desbloquearla, en cuyo caso puede ser necesario proceder al desbloqueo mediante manipulación bajo anestesia o intervención quirúrgica.
- Paciente con una meniscopatía degenerativa.
- Paciente con crisis repetidas de bloqueos.
El tratamiento inicial de un menisco roto se dirige a reducir el dolor y la inflamación de la rodilla.
Puede recomendarse la deambulación con muletas durante algunos días para mantener la rodilla en reposo, así como la aplicación de hielo para reducir el dolor y la hinchazón.
Si la rodilla está bloqueada y no se puede desbloquear, puede estar indicada una cirugía precoz para retirar la porción desgarrada y atrapada en la articulación.
Una vez que se rompe el menisco, con frecuencia no cicatriza por sí solo, especialmente en las zonas avasculares. Si los síntomas persisten, la cirugía puede estar indicada bien para extirpar la parte desgarrada del menisco o bien para repararlo. Hoy día la mayor parte de la cirugía meniscal se realiza mediante artroscopia. Se hacen pequeñas incisiones en la rodilla para permitir la introducción de una cámara dentro de la articulación. A través de otra pequeña incisión se introducen instrumentos especiales para retirar la porción dañada o repararla bajo visión artroscópica.
En ciertos casos los desgarros meniscales pueden repararse. El artroscopio se usa para ver el menisco roto y luego se colocan suturas para repararlo. La reconstrucción del menisco no es posible en todos los casos: los pacientes jóvenes con roturas meniscales recientes son los candidatos ideales para la reparación, mientras que las roturas degenerativas en pacientes de mayor edad generalmente se consideran irreparables.
Rehabilitación postoperatoria
El plan de rehabilitación dependerá del tipo de intervención realizada:
- Tras una meniscectomía parcial, el apoyo suele ser inmediato y la recuperación es más rápida.
- Tras una reparación meniscal, se limitan la carga y la movilidad durante las primeras semanas para favorecer la cicatrización.
En ambos casos, la fisioterapia es clave para recuperar la movilidad, la fuerza y la funcionalidad de la rodilla.
El objetivo final es recuperar la función de la rodilla, evitar la progresión a artrosis y minimizar el riesgo de nuevas lesiones.
Ejercicios después de una artroscopia de rodilla
Después de una artroscopia meniscal, los ejercicios deben adaptarse al tipo de cirugía realizada. La recuperación suele ser más rápida tras una meniscectomía parcial, mientras que tras una sutura o reparación meniscal pueden existir restricciones de carga, flexión y progresión durante las primeras semanas.
Los ejercicios iniciales suelen orientarse a controlar la inflamación, recuperar la extensión completa, activar el cuádriceps y mejorar progresivamente la movilidad de la rodilla sin provocar aumento del dolor o del derrame.
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Repetir estos ejercicios varias veces al día sin llegar al agotamiento. |
Conclusiones
Las lesiones meniscales constituyen una causa frecuente de dolor e incapacidad en la rodilla, especialmente en personas jóvenes activas y en pacientes de mayor edad con degeneración articular. Su diagnóstico adecuado requiere una buena anamnesis, una exploración física cuidadosa y el apoyo de pruebas de imagen, especialmente la resonancia magnética.
El tratamiento dependerá del tipo de rotura, de su localización, de su estabilidad y de las características del paciente. Las opciones van desde el tratamiento conservador hasta la cirugía, siempre acompañadas de un plan de rehabilitación bien estructurado.
Una intervención oportuna y adecuada puede prevenir complicaciones a largo plazo, como la artrosis, y permitir al paciente recuperar la funcionalidad de su rodilla y volver a sus actividades habituales.














