Luxación de hombro
La luxación de hombro se produce cuando la cabeza del húmero pierde completamente su contacto normal con la cavidad glenoidea. Se trata de una de las luxaciones más frecuentes del cuerpo humano, en parte porque el hombro combina una gran movilidad con una estabilidad ósea limitada.
En la mayoría de los casos la luxación es anterior, aunque también existen luxaciones posteriores y, con mucha menos frecuencia, inferiores. Además del episodio agudo, uno de los aspectos más importantes es valorar el riesgo de recurrencia y las lesiones asociadas que puedan quedar tras la luxación.
Índice de contenidos
Qué es una luxación de hombro
La luxación de hombro ocurre cuando la cabeza humeral se sale completamente de su posición habitual respecto a la glenoides. Esto la diferencia de la subluxación, en la que existe un desplazamiento parcial o transitorio sin pérdida completa del contacto articular.
La situación suele acompañarse de dolor intenso, deformidad y una impotencia funcional marcada. Después de una primera luxación, el hombro puede quedar más predispuesto a nuevos episodios si se lesionan estructuras estabilizadoras como la cápsula, el labrum o el hueso.
Tipos de luxación
Luxación anterior
Es la forma más frecuente. Suele producirse con el brazo en abducción y rotación externa, una posición en la que la cabeza humeral puede desplazarse hacia delante si se superan los mecanismos de contención capsuloligamentosa.
Luxación posterior
Es menos común y puede pasar desapercibida si no se sospecha. Puede aparecer tras traumatismos específicos, crisis convulsivas o descargas eléctricas, y a veces se manifiesta más como limitación funcional que como deformidad evidente.
Luxación inferior
Es infrecuente. Suele asociarse a traumatismos de alta energía y puede acompañarse de lesiones neurológicas o vasculares.
Causas y mecanismo de lesión
La mayoría de las luxaciones de hombro se producen por un traumatismo. El contexto típico es una caída, un gesto deportivo brusco o un accidente en el que el brazo se coloca en una posición vulnerable.
- Caídas con apoyo sobre el brazo o con el hombro en posición forzada.
- Deportes de contacto o situaciones de choque.
- Movimientos bruscos en abducción y rotación externa.
- Convulsiones o descargas eléctricas, sobre todo en luxaciones posteriores.
- Antecedente de inestabilidad de hombro o luxaciones previas.
En pacientes jóvenes y activos, un primer episodio traumático puede ser el punto de partida de una inestabilidad recurrente. En personas mayores, además, conviene pensar en posibles lesiones asociadas del manguito rotador.
Síntomas
El cuadro clínico suele ser llamativo. El paciente refiere dolor intenso, incapacidad para mover el hombro y una sensación clara de que la articulación “se ha salido”.
- Dolor agudo de inicio brusco.
- Impotencia funcional para mover el brazo.
- Deformidad o pérdida del contorno redondeado normal del hombro.
- Postura de protección del miembro superior.
- Sensación de chasquido o salida del hombro en el momento del traumatismo.
En algunos casos también pueden aparecer parestesias o síntomas neurológicos, especialmente si hay afectación del nervio axilar u otras estructuras vecinas.
Lesiones asociadas
Una luxación de hombro no debe valorarse solo como un desplazamiento articular aislado. Con frecuencia se asocia a lesiones de partes blandas o del hueso que condicionan la evolución y el riesgo de recurrencia.
- Lesión de Bankart o desinserción del labrum anteroinferior.
- Lesión de Hill-Sachs en la cabeza humeral.
- Lesiones capsuloligamentosas.
- Rotura del manguito rotador, sobre todo en pacientes de mayor edad.
- Lesiones del nervio axilar.
- Lesiones óseas glenoideas.
Estas lesiones explican por qué algunos hombros quedan inestables tras el primer episodio y otros evolucionan de forma más favorable.
Diagnóstico
El diagnóstico es fundamentalmente clínico, pero debe confirmarse con pruebas de imagen. Además de demostrar la luxación, las radiografías ayudan a detectar fracturas o secuelas óseas asociadas.
| Prueba | Utilidad principal |
|---|---|
| Exploración clínica | Valorar deformidad, dolor, movilidad y estado neurovascular. |
| Radiografía | Confirmar la luxación y descartar fracturas asociadas. |
| Resonancia magnética | Estudiar labrum, cápsula, manguito rotador y lesiones asociadas. |
| TC | Valorar pérdida ósea glenoidea o defectos óseos complejos. |
Tras cualquier luxación es importante comprobar la sensibilidad en la cara lateral del hombro y revisar pulsos, fuerza y función neurológica básica.
Tratamiento
Reducción
El tratamiento inicial consiste en reducir la luxación, es decir, devolver la cabeza humeral a su posición anatómica. Esta maniobra debe hacerse con la técnica adecuada y tras una valoración clínica suficiente. Después se confirma radiológicamente la correcta reducción.
Inmovilización inicial
Tras la reducción suele indicarse una inmovilización temporal, cuya duración depende de la edad, del tipo de lesión asociada y del contexto clínico. No se trata de inmovilizar durante demasiado tiempo, sino de proteger la articulación en la fase inicial sin favorecer una rigidez secundaria.
Tratamiento quirúrgico
La cirugía se plantea en casos seleccionados: luxaciones recurrentes, pacientes jóvenes con alto riesgo de recaída, pérdida ósea significativa, lesiones labrales relevantes o fracaso del tratamiento conservador. El tipo de intervención depende del mecanismo de inestabilidad y de las lesiones asociadas.
Rehabilitación
La rehabilitación del hombro es una parte fundamental del tratamiento. El objetivo no es solo recuperar movilidad, sino también mejorar la estabilidad dinámica del hombro mediante el trabajo del manguito rotador, la musculatura escapular y el control neuromuscular.
- Recuperación progresiva del rango de movimiento.
- Fortalecimiento del manguito rotador.
- Control escapular y reeducación funcional.
- Progresión adaptada al trabajo o al deporte.
La pauta concreta depende de si ha existido cirugía, del tipo de luxación y del perfil del paciente.
Riesgo de recurrencia
Uno de los puntos clave tras una primera luxación es valorar la probabilidad de nuevos episodios. Este riesgo no es igual en todos los pacientes.
- Es mayor en pacientes jóvenes.
- Aumenta en deportistas de contacto o lanzamiento.
- Depende de la existencia de lesiones del labrum o pérdida ósea.
- Se relaciona con antecedentes de inestabilidad de hombro.
Por eso no basta con “colocar” el hombro y dar el episodio por cerrado. La valoración posterior es importante para decidir si basta con rehabilitación o si conviene un estudio más profundo.