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Dr. Arturo Mahiques

Qué son las fracturas de falanges

Las fracturas de falanges son roturas de los huesos de los dedos. Cada dedo largo tiene tres falanges —proximal, media y distal—, mientras que el pulgar tiene dos. Estas fracturas pueden afectar al cuerpo del hueso, a la base, a la cabeza o a la superficie articular.

Aunque algunas parecen lesiones menores, las fracturas de los dedos requieren una valoración cuidadosa. Una mala alineación, una rotación no corregida o una inmovilización excesiva pueden dejar dolor, rigidez, deformidad o pérdida de función.

Fracturas de falanges de los dedos de la mano
Las falanges forman el esqueleto de los dedos y permiten una movilidad fina y precisa de la mano.

El objetivo del tratamiento es conseguir una buena consolidación ósea sin perder movilidad, sensibilidad ni capacidad de pinza o agarre.

Anatomía de las falanges

Los dedos largos tienen tres falanges: proximal, media y distal. Entre ellas se encuentran las articulaciones interfalángicas proximal y distal. El pulgar tiene una falange proximal y otra distal, con una articulación interfalángica única.

  • Falange proximal: se articula con el metacarpiano y participa mucho en la flexión del dedo.
  • Falange media: está entre la falange proximal y distal en los dedos largos.
  • Falange distal: forma la punta del dedo y se relaciona con la uña y el pulpejo.

Alrededor de las falanges se insertan tendones flexores, extensores, ligamentos colaterales, placa volar y estructuras nerviosas y vasculares. Por eso, una fractura puede asociarse a lesiones de partes blandas.

Causas frecuentes

Las fracturas de falanges suelen producirse por traumatismos directos, torsiones o aplastamientos.

  • Golpes directos sobre el dedo.
  • Aplastamientos con puertas, herramientas o maquinaria.
  • Caídas con apoyo de la mano.
  • Lesiones deportivas con balón.
  • Torsiones bruscas del dedo.
  • Luxaciones con fractura asociada.
  • Heridas o fracturas abiertas.

Las fracturas abiertas, las que afectan a la uña o las que se asocian a heridas profundas deben evaluarse pronto por el riesgo de infección y lesión tendinosa o nerviosa.

Tipos de fractura

El tipo de fractura condiciona la estabilidad, el tratamiento y el riesgo de secuelas.

Fracturas de la falange distal

Son frecuentes en aplastamientos de la punta del dedo. Pueden asociarse a hematoma subungueal, lesión del lecho ungueal o heridas en el pulpejo.

Fracturas de la falange media

Pueden afectar al cuerpo del hueso o a las articulaciones interfalángicas. Algunas se asocian a lesiones de placa volar, luxaciones o lesiones del aparato extensor.

Fracturas de la falange proximal

Pueden alterar mucho la función del dedo si consolidan con angulación o rotación. Suelen requerir una vigilancia estrecha para evitar rigidez y mala alineación.

Fracturas articulares

Afectan a la superficie articular. Requieren especial cuidado porque una incongruencia articular puede favorecer dolor, rigidez y artrosis interfalángica postraumática.

Fracturas abiertas

Existe comunicación con una herida. Necesitan limpieza adecuada, valoración de partes blandas y tratamiento específico para reducir el riesgo de infección.

Síntomas

Los síntomas suelen aparecer inmediatamente después del traumatismo, aunque algunas fracturas pequeñas pueden confundirse con un esguince o contusión.

  • Dolor localizado en el dedo.
  • Inflamación o aumento de volumen.
  • Hematoma.
  • Dificultad para mover el dedo.
  • Dolor al cerrar el puño o hacer pinza.
  • Deformidad visible.
  • Desviación lateral o rotación del dedo.
  • Herida, sangrado o lesión de la uña en fracturas abiertas o distales.

Cuando el dedo queda deformado, no se puede mover, se cruza con los demás al cerrar la mano o existe una herida profunda, es conveniente una valoración urgente.

Rotación y alineación del dedo

La alineación del dedo es uno de los puntos más importantes en las fracturas de falanges. Una pequeña rotación puede alterar mucho la función de la mano.

Rotación del dedo tras fractura de falange
Si el dedo se cruza al cerrar el puño, puede existir una rotación mal tolerada de la fractura.

La rotación se valora pidiendo al paciente que cierre suavemente la mano. Los dedos deben dirigirse de forma armónica hacia la palma. Si un dedo se cruza o se desvía, puede ser necesario corregir la fractura.

Diagnóstico

El diagnóstico se basa en la exploración física y las radiografías. Es importante valorar no solo el hueso, sino también tendones, ligamentos, piel, uñas, sensibilidad y circulación.

Exploración física

  • Localizar el punto de dolor.
  • Valorar inflamación, hematoma y deformidad.
  • Comprobar movilidad activa y pasiva.
  • Evaluar alineación y rotación al cerrar la mano.
  • Explorar estabilidad ligamentaria si se sospecha lesión asociada.
  • Valorar sensibilidad y relleno capilar.
  • Revisar heridas, uña y pulpejo.

Pruebas de imagen

  • Radiografía: prueba principal para confirmar la fractura, valorar desplazamiento, angulación y afectación articular.
  • TAC: útil en fracturas articulares complejas o con duda sobre la congruencia articular.
  • Ecografía: puede ayudar si se sospechan lesiones tendinosas asociadas, aunque no sustituye a la radiografía.

Tratamiento

El tratamiento depende de la estabilidad, el desplazamiento, la rotación, la afectación articular y las lesiones asociadas.

Tratamiento conservador

Muchas fracturas estables y bien alineadas pueden tratarse sin cirugía.

  • Inmovilización con férula.
  • Sindactilia o unión al dedo vecino en fracturas seleccionadas.
  • Control radiográfico si existe riesgo de desplazamiento.
  • Movilidad temprana de articulaciones libres.
  • Rehabilitación progresiva para evitar rigidez.

Tratamiento quirúrgico

Se valora cuando la fractura es inestable, está desplazada, presenta rotación, afecta a la articulación de forma importante o se asocia a heridas, tendones o lesiones complejas.

  • Agujas de Kirschner.
  • Tornillos o minitornillos.
  • Placas de pequeño fragmento.
  • Limpieza quirúrgica en fracturas abiertas.
  • Reparación de tendones, nervios o piel si están lesionados.

El objetivo no es solo que el hueso consolide, sino que el dedo recupere una alineación útil y la mayor movilidad posible.

Rehabilitación

La rehabilitación es decisiva en las fracturas de falanges. Los dedos desarrollan rigidez con facilidad, especialmente tras inmovilizaciones prolongadas o fracturas articulares.

Objetivos

  • Controlar edema y dolor.
  • Recuperar movilidad progresiva.
  • Evitar adherencias tendinosas.
  • Mejorar fuerza de pinza y agarre.
  • Recuperar coordinación y función fina.

Ejercicios habituales

  • Flexión y extensión suave del dedo.
  • Movilidad de las articulaciones no inmovilizadas.
  • Deslizamientos tendinosos.
  • Ejercicios de pinza con objetos pequeños.
  • Trabajo progresivo con pelota blanda o masilla terapéutica.

Los ejercicios deben iniciarse según la estabilidad de la fractura y las indicaciones del especialista. Forzar demasiado pronto puede desplazar la fractura; inmovilizar demasiado puede provocar rigidez.

Complicaciones y secuelas

Las complicaciones pueden deberse a la fractura, al tratamiento o a lesiones asociadas de partes blandas.

  • Rigidez del dedo.
  • Rotación o desviación residual.
  • Dolor postraumático.
  • Consolidación en mala posición.
  • Retraso de consolidación o pseudoartrosis.
  • Adherencias tendinosas.
  • Artrosis postraumática en fracturas articulares.
  • Alteraciones de la uña en fracturas distales.
  • Déficit de sensibilidad si hubo lesión nerviosa asociada.

La rigidez es una de las secuelas más frecuentes. Por eso, el tratamiento debe buscar un equilibrio entre proteger la fractura y permitir la movilización segura del dedo.