Epitrocleitis o epicondilalgia medial
Índice de contenidos
- Qué es la epitroclealgia medial
- Deportes, trabajo y carga
- Mecanismo y biología tendinosa
- Exploración clínica
- Radiografía, ecografía y resonancia
- Diagnóstico diferencial
- Qué ocurre en el tendón
- Tratamiento conservador
- Ejercicios y progresión de carga
- Cuándo valorar cirugía
- Retorno a trabajo o deporte
- Fuentes
- Preguntas frecuentes
Qué es la epitroclealgia medial
La epitrocleitis, «codo de golfista», epicondilalgia medial o tendinopatía flexor-pronadora produce dolor en el origen común de los músculos que flexionan la muñeca y participan en la pronación del antebrazo. El término “epitrocleitis” es muy conocido, pero en cuadros persistentes no implica que exista una inflamación crónica mantenida.
Las estructuras más relacionadas son pronador redondo, flexor radial del carpo, palmar largo, flexor superficial de los dedos y flexor cubital del carpo. El dolor suele localizarse algo anterior y distal al epicóndilo medial. En esta región también pasan el nervio cubital y el complejo ligamentario medial del codo, por lo que un dolor medial no debe etiquetarse como tendinopatía sin una exploración adecuada.


La evidencia específica para tendinopatía medial es bastante menor que para la lateral. Esto obliga a ser prudentes: algunos principios de carga y rehabilitación se extrapolan por similitud biológica, pero no todos los tratamientos cuentan con ensayos de alta calidad propios de epitroclealgia.
Deportes y ocupaciones con riesgo de epitrocleitis
Entre los diagnósticos diferenciales puede citarse el esguince del ligamento lateral interno.
Se presenta preferentemente en los siguientes deportes:
- Golf: flexión palmar al golpear la bola con el codo en extensión.
- Lanzadores de jabalina: puede causar lesiones a nivel de la epitróclea y el olécranon.
- Lanzadores de béisbol: afecta principalmente al pitcher por flexión palmar violenta.
- Tenis: el servicio puede desencadenar esta epitrocleitis.
- Carpinteros de fin de semana.
- Profesionales con movimientos repetitivos de flexión palmar de muñeca.
Mecanismo y biología tendinosa
La presentación más frecuente es gradual, después de una exposición repetida a agarre, flexión de muñeca y pronación. Golf, deportes de lanzamiento, raqueta, escalada, gimnasio y herramientas manuales pueden aumentar la demanda, pero la actividad por sí sola no demuestra causalidad.

Un episodio brusco también puede lesionar el origen flexor-pronador, sobre todo con carga excéntrica intensa. En ese escenario hay que diferenciar una tendinopatía reactiva o una rotura parcial de una lesión del ligamento colateral cubital, especialmente en lanzadores.
Histológicamente, los cuadros persistentes muestran remodelado y degeneración tendinosa más que una inflamación aguda mantenida. El objetivo de la rehabilitación no es “desinflamar para siempre”, sino recuperar la tolerancia del tendón y del miembro superior a las cargas específicas.
Exploración clínica
El hallazgo más típico es dolor localizado en el origen flexor-pronador, reproducido con flexión resistida de muñeca, pronación resistida o estiramiento del complejo. Las pruebas se interpretan en conjunto y comparando con el lado contrario; ninguna maniobra aislada confirma por sí sola el diagnóstico.


No olvidar el nervio cubital
Se pregunta por hormigueo o adormecimiento en cuarto y quinto dedos y se explora el recorrido del nervio cubital. La coexistencia de neuropatía cambia el pronóstico y puede modificar el tratamiento. Un dolor que se extiende al antebrazo no es suficiente para diagnosticar neuropatía, pero parestesias, debilidad intrínseca o signos neurológicos sí obligan a estudiarla.

Ligamento colateral cubital y lanzadores
En deportes de lanzamiento se valora estabilidad en valgo y la relación temporal de los síntomas con la fase del gesto. Dolor profundo, sensación de fallo o pérdida de velocidad/control no deben atribuirse automáticamente al tendón.

Radiografía, ecografía y resonancia
La imagen no es obligatoria en un cuadro típico. La radiografía se utiliza cuando hay antecedente traumático, pérdida de movilidad, sospecha de calcificación relevante, artrosis, lesión ósea o patología del epicóndilo medial.
La ecografía puede mostrar engrosamiento, alteración fibrilar, Doppler o una rotura parcial y permite valorar dinámicamente el nervio cubital. La resonancia ofrece mayor visión del origen flexor-pronador, ligamento colateral cubital y estructuras articulares cuando el diagnóstico es incierto, el cuadro es persistente o se plantea cirugía.
Igual que en otras tendinopatías, un cambio estructural en ecografía o RM no demuestra por sí solo que sea la causa de todos los síntomas. La prueba debe responder a una pregunta clínica.
Diagnóstico diferencial del dolor medial
- Neuropatía cubital: parestesias en cuarto/quinto dedos, síntomas con flexión mantenida o déficit motor orientan al nervio.
- Lesión del ligamento colateral cubital: especialmente relevante en lanzadores y traumatismos en valgo.
- Lesión flexor-pronadora aguda: inicio brusco, hematoma o debilidad marcada sugieren rotura parcial o completa.
- Patología articular: bloqueo, derrame, pérdida de movilidad o dolor profundo requieren otra evaluación.
- Dolor referido cervical: síntomas cervicales, irradiación, cambios sensitivos o reflejos pueden indicar un origen proximal.
- Apofisitis/avulsión en adolescentes: el dolor medial del deportista en crecimiento no debe etiquetarse como “codo de golfista adulto”.
La coexistencia es posible. Un paciente puede tener tendinopatía flexor-pronadora y neuropatía cubital o lesión ligamentaria; por eso la falta de respuesta obliga a revisar el conjunto.
Qué ocurre en el tendón
En los casos crónicos se describen desorganización del colágeno, aumento de matriz, fibroblastos y vascularidad variable. Este patrón es más compatible con tendinopatía que con una inflamación mantenida. Puede coexistir calcificación o rotura parcial, pero la severidad estructural y la intensidad del dolor no siempre coinciden.
Esta biología explica por qué el reposo absoluto prolongado no es una solución definitiva y por qué el ejercicio debe aumentar gradualmente la capacidad del sistema flexor-pronador.
Tratamiento conservador
La primera estrategia suele ser no quirúrgica. El objetivo es reducir la irritabilidad sin perder capacidad y después recuperar fuerza y tolerancia específica. La evidencia medial es más limitada que la lateral, por lo que conviene evitar protocolos dogmáticos.
Modificar la carga, no abandonar el brazo
Se ajustan temporalmente volumen, agarre, flexión/pronación repetidas y tareas que provocan una reagudización sostenida. En deporte se revisan volumen de golpeo o lanzamiento, técnica y recuperación; en trabajo, herramienta, pausas y exposición.





Ejercicio como eje de la recuperación
Se entrena flexión de muñeca, pronación, agarre y, cuando corresponde, hombro y cadena proximal. Isométricos, trabajo isotónico y excéntrico son herramientas posibles, no fases obligatorias universales. La carga se progresa según síntomas, fuerza y demanda final.

Medicamentos, ortesis y terapia manual
Analgesia o antiinflamatorios pueden utilizarse de forma puntual cuando son apropiados, pero no modifican por sí solos la capacidad tendinosa. Una cincha, vendaje u ortesis puede ayudar durante tareas concretas. La terapia manual puede facilitar el movimiento o reducir síntomas de forma transitoria.
Infiltraciones
El corticoide puede reducir dolor a corto plazo, pero no debe presentarse como tratamiento de elección ni repetirse de forma automática. Para PRP, proloterapia, ozono y otras sustancias la evidencia específica medial es insuficiente o heterogénea; no puede prometerse regeneración tendinosa. Si se considera una infiltración, debe evitarse lesionar el nervio cubital y valorar con precisión qué estructura se pretende tratar.
Principios de progresión
Los ejercicios que siguen son ejemplos, no una pauta obligatoria con dosis universales. Se seleccionan según irritabilidad, fuerza y objetivo. Las cargas, repeticiones y tiempos impresos en algunos ejemplos deben entenderse como puntos de partida históricos que necesitan ajuste individual.
Una molestia leve durante la carga puede ser aceptable si no aumenta de forma importante y sostenida después. Dolor agudo, pérdida de fuerza, síntomas neurológicos o aumento progresivo de la irritabilidad justifican reducir carga y revisar el diagnóstico.
Ejercicios por fases
I. Ejercicios isométricos (Fase inicial: dolor agudo)
Objetivo: Reducir dolor, mejorar tolerancia sin movimiento articular.
- Flexión isométrica de muñeca: Posición: sentado, antebrazo apoyado en mesa, palma hacia arriba. Ejecución: empujar la palma contra una superficie fija (ej. pared o otra mano) durante 5-10 segundos. Repeticiones: 3 series de 10-15 contracciones.
- Pronación/supinación isométrica: Posición: codo flexionado 90°, sostener un bastón contra una mesa. Ejecución: intentar girar la mano (palma arriba/palma abajo) contra resistencia fija. Duración: mantener 5 segundos por repetición.
II. Ejercicios excéntricos (Fase intermedia: dolor moderado)
Objetivo: Readaptar tendones a la carga.
- Flexión excéntrica de muñeca con pesa: Posición: sentado, antebrazo apoyado, palma hacia arriba con pesa ligera (0.5–1 kg). Ejecución: flexionar muñeca con la mano sana y bajar lentamente (6 segundos) solo con la afectada. Series: 3 × 15 repeticiones, 1x/día.
- Pronación excéntrica con martillo o banda: Posición: codo pegado al cuerpo, flexión 90°. Ejecución: girar palma hacia abajo lentamente (6 seg) contra resistencia. Herramienta: martillo (por el extremo) o banda elástica.
III. Estiramientos (Solo sin dolor agudo)
- Estiramiento de flexores de muñeca: Posición: brazo extendido, palma hacia arriba. Ejecución: empujar suavemente los dedos hacia abajo con la otra mano. Duración: 20–30 seg, 3 repeticiones.
- Estiramiento de pronadores: Posición inicial: siéntate o colócate de pie con la espalda recta. Extiende uno de tus brazos hacia adelante, con el codo completamente estirado y la palma mirando hacia abajo. Ejecución: con la otra mano, sujeta los dedos de la mano extendida. Rota lentamente la mano hacia afuera (supinación), de forma que la palma mire hacia arriba, mientras mantienes el codo estirado. A la vez, flexiona suavemente la muñeca hacia atrás (extensión de muñeca). Deberías sentir un estiramiento en la parte interna del antebrazo, cerca del codo. Mantén la posición durante 20 a 30 segundos sin forzar. Repite 2-3 veces por brazo.
IV. Fortalecimiento funcional (Fase avanzada: mínimo dolor)
- Agarre con pelota antiestrés: Objetivo: fortalecer músculos intrínsecos y mejorar vascularización. Ejecución: apretar 3 seg, soltar 2 seg. 3 × 20 repeticiones.
- Rotaciones con banda elástica: Posición inicial: sentado o de pie, pisa un extremo de la banda con el pie del mismo lado del brazo que va a trabajar. Sujeta el otro extremo con la mano, manteniendo el codo flexionado a 90° y pegado al cuerpo, con el antebrazo en posición neutra. Ejecución: realiza una rotación del antebrazo hacia adentro (pronación) y luego hacia afuera (supinación), resistiendo la banda elástica en ambas direcciones. Mantén el movimiento lento y controlado, sin despegar el codo del cuerpo. Repeticiones: 10 a 15 por dirección, 2-3 series por brazo.
V. Ejercicios neuromusculares (Prevención de recaídas)
- Propiocepción con tabla de balance: Material: tabla wobble o disco de equilibrio y una pelota ligera. Posición inicial: colócate de pie sobre la tabla de equilibrio, con los pies separados al ancho de las caderas y los brazos relajados al frente. Ejecución: mientras mantienes el equilibrio sobre la tabla, lanza suavemente una pelota ligera contra la pared o a una segunda persona. El objetivo es mantener la estabilidad del tronco y el control postural durante el movimiento. Duración: realiza repeticiones de 30 a 60 segundos. Puedes aumentar la dificultad cerrando los ojos, lanzando con una sola mano o usando una superficie más inestable.
- Lanzamientos suaves contra pared: Objetivo: mejorar la coordinación entre brazo y antebrazo. Posición inicial: colócate de pie a una distancia de 2–3 metros frente a una pared, con una pelota de tenis en la mano dominante. Ejecución: realiza lanzamientos suaves utilizando principalmente el movimiento del codo (no del hombro). Permite que la pelota rebote en la pared y vuelve a atraparla manteniendo control del gesto y sin perder la alineación postural. Repeticiones: 2–3 series de 10 lanzamientos por brazo.
Precauciones clave
- No existe un umbral numérico universal; se busca una molestia tolerable que no produzca una reagudización sostenida.
- Evitar movimientos bruscos y sobrecarga inicial.
- Aumentar carga cuando la respuesta posterior sea estable y la función vaya mejorando.
- El frío puede utilizarse si alivia, pero no es obligatorio ni acelera por sí solo la adaptación del tendón.
- Usar vendaje neuromuscular si lo indica el fisioterapeuta.
Nota: Estos ejercicios deben personalizarse según evaluación médica o fisioterapéutica. Si la evolución no es la esperada, reevaluar el diagnóstico (por ejemplo, descartar neuropatía cubital).
Cuándo valorar cirugía
La cirugía se reserva para una minoría con dolor medial persistente y limitación relevante pese a un manejo conservador suficiente, cuando la exploración y la imagen —si se ha indicado— apoyan que el origen flexor-pronador es realmente la fuente principal de síntomas.
Antes de operar se revisan de forma específica el nervio cubital y el ligamento colateral cubital. La presencia de neuropatía o inestabilidad puede requerir una estrategia distinta. Las técnicas descritas incluyen desbridamiento del tejido degenerado, reparación/reinserción y tratamiento de patología asociada; la literatura quirúrgica muestra mejoría frecuente, pero no demuestra una técnica universalmente superior.




Volver al deporte o al trabajo
El retorno no depende de un número fijo de semanas. Se progresa cuando las tareas cotidianas son tolerables, la fuerza del agarre y del sistema flexor-pronador se ha recuperado de forma suficiente y las exposiciones específicas pueden repetirse sin una reagudización importante.
- Trabajo manual: aumentar primero duración y después intensidad de agarre/herramienta.
- Golf y raqueta: progresar desde gestos técnicos y volumen bajo hacia velocidad e impacto.
- Lanzamiento: comprobar además estabilidad medial y tolerancia a pronación/valgo antes de subir intensidad.
- Gimnasio: graduar dominadas, curls, remos, agarres y levantamientos según respuesta.
La aparición de parestesias cubitales, sensación de inestabilidad, pérdida de fuerza o dolor nocturno progresivo obliga a reevaluar antes de continuar la progresión.
Fuentes y evidencia
La evidencia específica de epicondilalgia medial es menor que la disponible para la lateral. Se han priorizado revisiones contemporáneas y se evita trasladar a esta página conclusiones que solo estén demostradas para el lado lateral.
- Revisión contemporánea de epicondilalgia medial: diagnóstico y tratamiento
- Revisión sistemática de cirugía en epitroclealgia refractaria
- Revisión de ejercicio y movilización en epicondilalgia medial y lateral
- Guía JOSPT de dolor lateral: referencia para principios de carga, no extrapolada como evidencia medial directa
Preguntas frecuentes
¿La epitrocleitis es una inflamación crónica?
No necesariamente. En los cuadros persistentes se habla con mayor precisión de tendinopatía del origen flexor-pronador o epicondilalgia medial, porque los cambios degenerativos y de adaptación a la carga suelen ser más relevantes que una inflamación mantenida.
¿Cómo se diferencia de una lesión del ligamento colateral cubital?
La localización del dolor, el mecanismo, la exploración en valgo y la demanda deportiva ayudan a diferenciarlas. En lanzadores, dolor medial con inestabilidad o síntomas durante la fase de aceleración requiere valorar específicamente el ligamento.
¿El hormigueo en meñique y anular puede ser epitrocleitis?
Puede coexistir dolor medial, pero las parestesias en cuarto y quinto dedos orientan a afectación del nervio cubital y deben evaluarse de forma específica. No conviene atribuirlas automáticamente al tendón flexor-pronador.
¿Cuándo se plantea cirugía?
Solo tras confirmar el diagnóstico y cuando persisten dolor y limitación importantes pese a un manejo conservador bien desarrollado. Si existen neuropatía cubital o lesión ligamentaria asociadas, la estrategia quirúrgica puede ser diferente.